Alrededor de un tercio de los alimentos que se producen en el mundo (1.300 millones de toneladas anuales) se pierde, se tira o se desperdicia

Vertedero a las afueras de México .

Vertedero a las afueras de México .

“Con los alimentos que actualmente se desperdician en Europa se podría alimentar a 200 millones de personas en el mundo”. La frase de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) no puede ser más contundente y pone el foco en uno de los grandes problemas que hay en el planeta hoy en día: la enorme cantidad de comida que terminamos tirando a la basura.

No hay más que echar un breve vistazo a los datos para ser conscientes de la magnitud del asunto: alrededor de un tercio de los alimentos que se producen en el mundo (la friolera de 1.300 millones de toneladas anuales) se pierde, se tira o se desperdicia. En contraste, 815 millones de personas pasan hambre en el mundo (el 11% de la población mundial).

El despilfarro de comida es generalizado en todos los continentes y obedece a diversas razones, aunque la principal son los malos hábitos de los consumidores y los productores y distribuidores. En los países más desarrollados los principales culpables son los primeros, ya que compran más alimentos de los que necesitan, mientras que en los países más pobres, el foco está en los segundos, ya que prácticas como el mal transporte o la escasa refrigeración terminan echando a perder los productos.

Para los países ricos, los alimentos son un bien asequible y por eso inconscientemente se descuidan y se les da menos valor; exactamente al contrario que los pobres, donde los alimentos escasean y por tanto son muy valiosos.

En ambos casos es necesario concienciarse de la importancia que tiene la comida y los beneficios enormes que tiene el aprovecharla al máximo; por un lado, ayuda a satisfacer las necesidades alimentarias de la población mundial; y por el otro, reduce los desechos y por tanto, las emisiones de gases nocivos a la atmósfera. Viendo la situación en la que estamos –la temperatura media del planeta ha subido 0,85 grados centígrados-, no parece ninguna tontería.

Al respecto, en los países más desarrollados tienen clara la hoja de ruta y esta pasa por medidas eficaces como dotar de más medios y recursos a los bancos de alimentos, lograr un criterio uniforme que diferencie el consumo preferente de la fecha de caducidad, la posibilidad de ofrecer envases de menor tamaño, o poner freno a las promociones de los supermercados que animan a comprar más de lo estrictamente necesario.

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