China ya no quiere ser el basurero de Occidente

Niños recogiendo desechos en un vertedero de China.

Niños recogiendo desechos en un vertedero de China.

El 70% de todo el plástico que se desechó en el mundo en 2016 terminó en China. El dato es contundente y muestra la importancia que tiene el país asiático como basurero del mundo. Durante décadas, el gigante económico ha necesitado material secundario asequible (usado fundamentalmente para su conversión en cajas de cartón que contienen los productos fabricados en China).

Esto ha generado una gran dependencia por parte de Europa y Estados Unidos a la hora de deshacerse de su basura (en 2016, los fabricantes chinos y de Hong Kong importaron 7,3 millones de toneladas métricas de plásticos de los países desarrollados). Sin embargo, las cosas están a punto de cambiar: China ya no quiere la basura extranjera. Una decisión que ha pillado con el pie cambiado al resto.

En julio del 2017, Pekín anunció que a partir del 1 de enero cambiaba las regulaciones del control de calidad de estos materiales y prohibía por lo tanto las importaciones de 24 categorías de material reciclable y desechos sólidos. El objetivo, según fuentes gubernamentales, es proteger el medio ambiente. Además, aseguran que la producción nacional de basura es suficiente para cubrir la demanda interna, tal y como cuenta BBC Mundo.

La decisión ha provocado un auténtico terremoto entre los países exportadores de estos desechos que no contaban con que China iba a cerrar la puerta. Por el momento están pidiendo una postergación y que el país acepte un período de transición de cinco años que les permita reenfocar su estrategia. Las negociaciones continúan y el gigante asiático ya se ha comprometido a esperar hasta el 1 de marzo de 2018 para hacer efectiva su prohibición.

Mientras tanto, los países exportadores de desechos trabajan a contrarreloj para buscar soluciones. Una opción que se plantean es abrir nuevos mercados potenciales como Tailandia, Vietnam, Camboya, India o Pakistán, aunque son conscientes de que no tienen la misma capacidad que China y que por tanto el negocio puede dejar de ser rentable. Además, la falta de regulación en políticas medioambientales en estos países puede provocar un gran problema de contaminación.

Otra posibilidad puede ser la incineración de materiales de reciclado para generar energía. También se pueden mandar a los vertederos, aunque el riesgo de incendios hace que esta última opción no sea muy aconsejable.

Los ambientalistas celebran que con esta medida de China se ha abierto la puerta a que haya una reflexión colectiva sobre la importancia de estos materiales y la forma en la que se usan. No cabe duda que estas nuevas regulaciones van a obligar a buscar alternativas a largo plazo que sean sostenibles.

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