El arte colombiano del siglo XXI toma Arco

 Una mujer contempla una obra de la exposición del artista colombiano Óscar Murillo 'De marcha... ¿Una rumba? No, solo un desfile con ética y estética', el 23 de enero de 2015 en el Centro Cultural Daoiz y Velarde de Madrid.

Una mujer contempla una obra de la exposición del artista colombiano Óscar Murillo ‘De marcha… ¿Una rumba? No, solo un desfile con ética y estética’, el 23 de enero de 2015 en el Centro Cultural Daoiz y Velarde de Madrid.

De los paisajes minerales de la joven escultora Liliana Sánchez a las películas del veterano cineasta Luis Ospina, el arte contemporáneo colombiano se apodera de Madrid con ocasión de la feria ARCO, determinada a ser un trampolín europeo para los artistas latinoamericanos.

 

Con Colombia como país invitado, la 34ª edición de la feria madrileña, que los reyes de España inauguran el jueves, expone hasta el domingo a 20 jóvenes artistas de ese país, poco conocidos pero seleccionados por sus innovadoras propuestas. “Este es un gran momento para el arte colombiano, de muchísima efervescencia”, asegura María Paz Gaviria, directora de ArtBo, la feria de Bogotá. “Es algo que comenzó hace tiempo”, pero que obtiene ahora “un reconocimiento internacional”, afirma.

 

Desde los ajetreados pasillos llega el olor a pintura fresca esparcida por las obras del bogotano Jorge Magyaroff: latas y aerosoles derraman por el suelo brillantes charcos de laca de colores, mostrando la belleza del accidente, del error involuntario. Un día “sin darme cuenta volqué uno de los tarros de pintura sobre el bastidor y vi que en esas materias, de la pintura como fluido, como material, había algo cercano a la búsqueda que estaba haciendo”, explica el pintor, de 35 años.

 

Forma parte de una nueva generación de artistas que, a diferencia de sus precursores, no buscan explorar la violencia que sacude su país desde hace más de medio siglo, que ha provocado 220.000 muertos y 5,3 millones de desplazados. “Hay una distancia entre mis intereses y ese estereotipo del artista colombiano que se ha referenciado con la historia política de una forma literal”, dice Liliana Sánchez, quien asegura, a sus 35 años, haber vivido al margen del conflicto desde “una experiencia muy urbana” en Bogotá. La obra que presenta en ARCO es un meláncolico paisaje de extraños minerales alineados sobre un plano de madera: falsas piedras esculpidas en parafina y dotadas de un fuerte componente emocional.

 

Coincide con Magyaroff en la oportunidad que representa exponer en una feria a la que acuden una veintena de museos internacionales y 300 coleccionistas de 33 países. “Les da una exposición muy interesante al mercado español, europeo e internacional”, subraya Gaviria.

 

Una puerta a Europa

 

Ese es cada vez más el objetivo de ARCO, afianzarse como puerta de entrada del arte latinoamericano en el mercado europeo, al igual que hace Art Basel Miami, filial estadounidense de la prestigiosa feria suiza de Basilea, en el mercado americano. “Latinoamérica siempre ha sido muy importante para ARCO”, afirma su director, Carlos Urroz, recordando que ya en 1997 se dedicó la feria al continente y que México y Brasil fueron países invitados en 2005 y 2008. La de este año “es una edición especialmente latinoamericana, primero por las diez galerías que participan en ArcoColombia, pero también por la sección Solo Projects, dedicada solo a Latinoamérica, y porque han vuelto galerías de Perú, de Sao Paulo, de Buenos Aires”, asegura. De las 218 galerías que participan en esta 34ª edición, el 71% son extranjeras y 47 proceden de 10 países latinoamericanos.

 

Sin embargo, el despliegue colombiano trasciende los muros de ARCO para abarcar toda la capital, en “una iniciativa del gobierno de Colombia que representa la participación más relevante del arte colombiano en el exterior a lo largo de su historia”, explica la organización. Unos 250 artistas, galeristas, comisarios, editores y representantes de museos colombianos desembarcan así en Madrid hasta el 31 de mayo con una veintena de exposiciones, individuales y colectivas, organizadas en dos circuitos, Focus Colombia y Colombia en Madrid, en emblemáticos espacios culturales, como el museo de arte moderno Reina Sofía. Allí, desde el jueves hasta al miércoles se proyectarán ‘El agente triple’, ‘Agarrando pueblo’, ‘Cali de película’ y ‘Oiga, vea’, cuatro películas de Ospina, “uno de los realizadores más incisivos y analíticos de la realidad colombiana”, explica el museo. “A partir del calificativo de ‘porno-miseria’, su cine denuncia expresamente la utilización obscena de la violencia y la pobreza extrema como espectáculo”, subraya.

 

Por su parte, el museo Thyssen-Bornemisza acoge una obra icónica de la escultora Doris Salcedo, ‘Sin título’, que a través de objetos cotidianos ofrece “metáforas acerca de la violencia y sus víctimas anónimas”, señala el museo.

 

Son artistas más veteranos, para quienes el arte sí es un instrumento de denuncia política y un espacio de memoria.

 

“La idea es intentar dar una mirada heterogénea” del arte colombiano con “un programa que cubre 40 años de actividad artística”, explica Jaime Cerón, comisario de Focus Colombia.

 

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