Japón sale de la recesión, pero despacio

Una mujer camina junto a una tienda en Tokio, el 9 de marzo de 2015. El PIB del país aumentó en el último trimestre de 2014 en un 0,4%, menos de lo previsto por el Gobierno nipón.

Una mujer camina junto a una tienda en Tokio, el 9 de marzo de 2015. El PIB del país aumentó en el último trimestre de 2014 en un 0,4%, menos de lo previsto por el Gobierno nipón.

Japón volvió a crecer en el cuarto trimestre aunque más modestamente de lo anunciado a mediados de febrero, una señal para el gobierno y el Banco de Japón (BoJ), inmersos en una difícil estrategia de reactivación de la economía.

 

El Producto Interno Bruto (PIB) creció 0,4% en el último trimestre, anunció este lunes el gobierno, que revisó a la baja la estimación previa del 0,6%.

 

Aunque la tercera potencia económica mundial ha salido de la recesión, la recuperación es tímida y en el conjunto del pasado año el avance del PIB fue nulo y con tendencia negativa (y no positiva, como se esperaba hasta ahora).

 

Es la primera vez desde la triple catástrofe de marzo de 2011 (terremoto, tsunami y accidente nuclear) que Japón registra unos resultados anuales tan mediocres. El PIB se replegó entonces un 0,5%, antes de recuperarse los años siguientes (+1,8% en 2012, +1,6% en 2013).

 

Pero la recuperación se frustró por el impacto del aumento del IVA, que en abril de 2014 pasó del 5% al 8%.

 

Esta medida provocó un parón del consumo y de la economía en general durante dos trimestres consecutivos (-1,6% en el 2º y -0,7% entre julio y septiembre, una evolución que fue revisada a la baja el lunes por tercera vez).

 

Abe imperturbable

 

El consumo privado empezó a recuperarse en los últimos meses del pasado año (+0,5% según datos revisados, superior a lo que se esperaba a mediados de febrero).

 

El gasto público así como las exportaciones contribuyeron positivamente al PIB, pero las inversiones en bienes no residenciales se contrajeron (-0,1%) pese a que se vaticinaba una ligera recuperación, mientras que las empresas reducían sus stocks.

 

Aunque el gobierno no para de repetir su confianza, estas estadísticas muestran una situación más bien preocupante casi un año después de la subida del IVA.

 

El primer ministro Shinzo Abe, que regresó al poder a finales de 2012, prometió devolver a Japón su lustre de antaño, gracias a una ambiciosa política económica bautizada como “abenomics”.

 

Aunque el escepticismo sobre su eficacia crece en el archipiélago, Abe dijo el domingo en la convención anual de su Partido Liberal Demócrata (PLD, derecha), que está convencido de que su estrategia producirá los resultados esperados.

 

Asimismo prometió, ante una serie de elecciones locales a mediados de abril, proseguir las reformas para confirmar el impulso y sacar al país de “un periodo sombrío”.

 

¿Un gesto del BoJ a partir de abril?

 

Por su parte el banco central defendió su política el lunes. En un discurso ante empresarios en Ehime (oeste de Japón) Hiroshi Nakaso, adjunto del gobernador Harukiho Kuroda, trató de “disipar las dudas”.

 

Japón todavía no ha vencido la deflación pero el generoso programa de compra de activos iniciado en abril de 2013 produce sus frutos, dijo.

 

El funcionario mencionó el impacto positivo de la devaluación del yen ?consecuencia indirecta de la política monetaria? para las exportaciones, que se han recuperado gracias a la competitividad creciente de las empresas japonesas.

 

El déficit comercial se ha reducido considerablemente en enero, permitiendo a Japón un pequeño excedente en la balanza, un hecho inusual en un principio de año.

 

La balanza por cuenta corriente, considerada como un buen reflejo de la situación de una economía con relación al resto del mundo, también se benefició de la caída de los precios del petróleo desde el verano pasado.

 

El caída del precio del petróleo, que contribuyó a que la inflación bajara a principios de año al mismo nivel de mayo de 2013, será “positiva a largo plazo” para la economía, dijo Nakaso.

 

Según sus cálculos, este fenómeno reduce la factura energética en “más de 7.000 billones de yenes” (53.400 millones de euros) para un Japón carente de recursos naturales.

 

Pese a todo, muchos economistas siguen convencidos de que el BoJ no podrá quedarse de brazos cruzados si, como es lo más probable, el índice de precios vuelve a caer a terreno negativo.

 

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