París prohibe los palos selfie en sus museos

Un hombre utiliza un palo selfie para hacerse un autoretrato.

Un hombre utiliza un palo selfie para hacerse un autoretrato.

Además de los artistas callejeros, los grupos de turistas y los caza-clientes para los restaurantes, los centros monumentales de las ciudades del mundo tienen un nuevo y molesto elemento: los palos selfie. Este complemento, que sirve para hacerse autofotos con un mayor ángulo, se ha extendido como la gripe en Invierno. Tan popular se ha hecho que es casi imposible no toparse con uno en un museo, ante una estatua o en un parque.

 

Pero no a todo el mundo le hace gracia este cacharro. Los principales museos de París han acordado prohibir su uso por miedo a que el dichoso palo destroce una obra cuadro o lesione a alguien.

 

La medida tiene toda la lógica del mundo -¿se imaginan que La Gioconda se queda tuerta por un mamporrazo?- y es más que probable que otras ciudades también la adopten. El primer lugar parisino en el que se han prohibido ha sido en el Palacio de Versalles. Allí, los trabajadores estaban cansados de sufrir cada vez que veían manadas de quinceañeros con gafas de sol blandiendo el aparato y dando vueltas dentro de una des su centenarias y ultra barrocas estancias. Y visto el éxito de la censura en el edificio construido en la época de Luis XIV, ahora esperan conseguir lo mismo en otros monumentos de la ciudad.

 

Pero París no es el primer lugar en el que se prohíben los palos selfies. En el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA) ya se decidió lo mismo hace meses. Al igual que en el Museo Smithsonian de Washington. Para conseguirlo, en estas dos ciudadades no se tuvo que cambiar la normativa: tan solo se dejó de considerar los palo selfie como un instrumento fotográfico más y se les empezó a juzgar por lo que son: barras metálicas punzantes que pueden hacer daño. Tanto a las personas como a las obras.

 

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