Rousseff lanza combate contra la corrupción mientras su apoyo se derrumba en Brasil

La presidenta brasileña Dilma Rousseff durante el anuncio de un paquete de medidas en el palacio presidencial el 18 de marzo de 2015.

La presidenta brasileña Dilma Rousseff durante el anuncio de un paquete de medidas en el palacio presidencial el 18 de marzo de 2015.

El gobierno de Brasil lanzó el miércoles un paquete anticorrupción, tras el estallido de un escándalo de sobornos en la estatal Petrobras que desató protestas masivas y derrumbó a 13% la popularidad de la presidenta Dilma Rousseff.

 

La mandataria no ha tenido tregua desde que inició su segundo mandato en enero con un escenario económico negativo. Es asediada por las permanentes revelaciones del megafraude en la petrolera, que tiene a decenas de legisladores bajo investigación, muchos de ellos aliados de su gobierno en el Congreso o incluso de su propio partido.

 

En un intento por recuperar el dominio de la agenda política, tres días después de que 1,7 millones de brasileños salieran a las calles a reclamar el fin de la impunidad y hasta un impeachment (destitución) de Rousseff, el gobierno buscó ponerse al frente del combate contra los delitos cometidos en la función pública.

 

“Somos un gobierno que no transige con la corrupción y tenemos el compromiso y la obligación de enfrentar la impunidad que alimenta la corrupción”, dijo la presidente en un acto en Brasilia, donde reconoció públicamente esa demanda de la sociedad.

 

“Es coherente con mi vida personal y con mi actuación política”, añadió.

Dilma popularidad

Analistas apuntan que el retroceso agudo del apoyo a Rousseff, reelecta en octubre, y la falta de la tradicional “luna de miel” de los gobiernos recién ungidos, obedece a la convergencia de una economía deteriorada, al destape de la confabulación que se enquistó en la empresa que era el orgullo nacional y a un aislamiento de la mandataria.

 

Este miércoles, el sondeo mensual de Datafolha, uno de los más seguidos en Brasil, mostró que la aprobación de su gestión se desplomó 10 puntos a 13% y el rechazo a su gobierno trepó al 62%.

 

Ese nivel de reprobación es el “más alto de un mandatario desde septiembre de 1992, en vísperas del impeachment del entonces presidente Fernando Collor”, apuntó el diario Folha de Sao Paulo que publica la encuesta.

 

Collor renunció a la presidencia de Brasil poco después de que se iniciara una marea para enjuiciarlo.

 

Sin tregua

 

En respuesta a las movilizaciones del domingo, Rousseff planteó el lunes que su gobierno tenía “la obligación de abrir el diálogo”.

 

Ese mismo día, la fiscalía de la república acusó a Joao Vaccari Neto, tesorero del gobernante Partido de los Trabajadores (PT) por los delitos de corrupción y lavado de dinero que se investigan en la trama de estafas en Petrobras y que movió 4.000 millones de dólares en la última década, según la policía.

 

Uno de los principales aliados del PT en el Congreso, el PMDB (centro), que preside ambas cámaras, ya mostró los dientes a la mandataria, liderando una suerte de rebelión que incluye la creación de una comisión legislativa para investigar el fraude en la petrolera y el rechazo en el Senado de una medida de ajuste fiscal muy buscada por el gobierno para reencauzar las abultadas cuentas púbicas.

 

“Hay tres elementos en este momento: ‘Lava Jato’ [la operación policial que develó el megaescándalo en Petrobras], la sensación general de la gente de que el gobierno está aislado (…) y el tercer elemento que es el económico, especialmente por el aumento de la inflación, que es un recuerdo muy vivo y que atormenta a los brasileños”, dijo a la AFP Michael Mohallen, especialista en ciencias políticas y profesor de la Fundación Getulio Vargas en Rio de Janeiro.

 

Según la encuesta Datafolha, la popularidad de Rousseff se deterioró en todos los segmentos sociales, e incluso cayó en zonas donde el PT es más fuerte.

 

“Por primera vez, la mayoría de los que tienen menor renta y escolaridad clasifican su gestión como mala o pésima. Lo mismo ocurre en el norte y el noreste” de Brasil, bastiones políticos del PT, dijo Folha.

 

Lejos del vigor de hace unos años, cuando Brasil sorprendía al mundo con alto crecimiento, la economía está estancada. La inflación escaló a 6,4% en 2014, por encima de la meta oficial, y el mercado espera que en 2015 ronde 8%, mientras otros indicadores económicos negativos se suman a la lista, como el déficit fiscal y comercial y un cambio de tendencia al alza en la tasa de desempleo.

 

El paquete de proyectos de ley contra la corrupción, algunos ya en trámite legislativo, permitirá calificar como crimen el acto de no contabilizar fondos recibidos para financiar campañas electorales, confiscar bienes de funcionarios que se han enriquecido ilegalmente, vender los activos incautados y dejar ese dinero en custodia judicial hasta tanto se defina el caso investigado.

 

Otra de las iniciativas busca que quienes ocupan cargos de confianza en el gobierno federal tengan una “ficha limpia” de antecedentes judiciales.

 

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