Nostalgia toledana por el Siglo de Oro

Rafael García Serrano, es el comisario de la exposición sobre la moda en el Siglo de Oro que se inaugurará la semana que viene en el Museo de Santa Cruz.

Rafael García Serrano, es el comisario de la exposición sobre la moda en el Siglo de Oro que se inaugurará la semana que viene en el Museo de Santa Cruz.

Chapines maravillosos, joyas llegadas desde Hungría y el Louvre, trajes excepcionales de Isabel de Valois y su hija, bolsos que podrían firmar Gucci o Armani, guantes, patrones de sastres y frascos de ungüentos forman parte de la exposición sobre la moda en el Siglo de Oro que se ultima en Toledo.

 

Todas las piezas son de época y reflejan cómo era la moda durante las etapas de Felipe II y Felipe III, cuando “se vestía a la española” en muchos otros países, según ha explicado a Efe el comisario de la exposición, Rafael García Serrano, durante una entrevista en un receso del montaje en el Museo de Santa Cruz.

 

García Serrano dirigió durante dos décadas el Museo de Santa Cruz y entre 2008 y 2011 el Museo del Traje, y reconoce que cuando estaba al frente de esta última institución ya “pensaba” en una exposición centrada en el Siglo de Oro, en la que tuviera cabida toda la indumentaria en su sentido más amplio.

 

Aquella exposición llega ahora a Toledo, coincidiendo con la conmemoración del cuarto centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote. Se inaugurará el próximo miércoles, día 25, en el crucero superior del Santa Cruz bajo el título ‘La moda española en el Siglo de Oro’.

 

Son 270 piezas llegadas de Francia, Polonia, Hungría, Italia, Portugal, Gran Bretaña o Suecia, además de muchos lugares de España, que comparten espacio en cuatro grandes bloques para transportar al visitante a la época de Cervantes.

 

Lo que se expone es la indumentaria de reyes, alta nobleza, burgueses y eclesiásticos, y se acompaña de cuadros que han sido elegidos no tanto por su autor como por su iconografía y por los elementos que desvelan cómo vivía la alta sociedad de hace cuatro siglos (vajillas, cuberterías, ropa de casa…).

 

Hay piezas “excepcionales”, afirma con satisfacción García Serrano, como dos trajes de Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe II, y su hija Isabel Clara Eugenia, que conservan las monjas del monasterio de San Clemente de Toledo.

 

También han llegado a Toledo joyas “espectaculares”, como un conjunto de cadenas de oro masculinas llegadas de Hungría, y unos pendientes del Museo del Louvre que se ven junto a un joyero de cristal de roca y filigrana de plata.

 

Los complementos abarcan desde calzado, italiano y español, hasta guantes, bolsos, capas y sombreros. Algunos chapines (el calzado que usaban las damas) solían elevarse varios centímetros para estilizar la figura y lucir mejor los trajes, y en la exposición hay un par -procedente de Italia- con la increíble altura de sesenta centímetros.

 

No pasará desapercibida una chaqueta de punto, tejida en seda y oro en un vivísimo color naranja, que forma parte de una colección particular y que nunca antes se había expuesto.

 

Otros objetos son algunos ‘dije’ para bebés, de los que colgaban el sonajero, algún chupador, amuletos para el mal de ojo o perfumes, rosarios y decenarios, tallas, armaduras y material de sastre.

 

En este sentido, se exponen las ordenanzas de bonetería de Toledo, un libro de patrones, dedales (hallados en una excavación en la Alhambra), tijeras, planchas de vidrio y una vara de medir.

 

En el apartado de cosmética, el comisario explica que las mujeres utilizaban multitud de recipientes y cajas de todo tipo para guardar ungüentos y accesorios.

 

Algunos de aquellos productos se ha visto que eran peligrosos, como el soliman (un sublimado corrosivo) y el antimonio.

 

“Utilizaban cosméticos para disimular las manchas, para depilarse, para teñirse el pelo, y mucha colonia, agua de Sevilla, agua de Nápoles, agua de rosas, agua de jazmín, agua de limón… Todo estaba ya inventado”, asegura Rafael García Serrano.

 

Y añade que el de los afeites es un tema “muy interesante” porque había muchos “moralistas” que intentaban que las mujeres no utilizaran cosméticos, ni calzaran elevados chapines para ser más esbeltas.

 

Esta semana han llegado a Toledo las últimas piezas y la actividad de restauradores y expertos de Patrimonio Nacional es intensa en el Museo de Santa Cruz para ultimar esta exposición “que es atractiva y muy variada, nada aburrida”, afirma el comisario.

 

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