Tomarse en serio la abstinencia del Viernes Santo

 Una mujer, este viernes, pesando dos piezas de pescado en el Puertito del Buceo en Montevideo (Uruguay), donde los tenderos no dan abasto ante la demanda de personas que apuran a última hora para comprar su menú para la celebración del Viernes Santo.

Una mujer, este viernes, pesando dos piezas de pescado en el Puertito del Buceo en Montevideo (Uruguay), donde los tenderos no dan abasto ante la demanda de personas que apuran a última hora para comprar su menú para la celebración del Viernes Santo.

En Uruguay, cuya población de vacas multiplica por cuatro a la de personas y donde la carne es el producto nacional por excelencia, solo un día, el Viernes Santo, la corvina, el bacalao o la merluza consiguen desatar pasiones y romper el monopolio carnívoro para ponerse la corona de reyes de la mesa.

 

Al aire libre, con un imponente sol y en los alrededores del puerto del Buceo, una pequeña bahía en la costa de Montevideo, extensas filas, constantes murmullos ante las ofertas de última hora y desenfreno por llevarse la mejor pieza hicieron hoy de los puestos del tradicional mercado del lugar el centro de todas las miradas.

 

“En Uruguay no tenemos mucha cultura de pescado. La educación de la alimentación no incluye mucho pescado en las dietas. Pero el Viernes Santo siempre es tradición y se vende mucho“, explica Sandra, una de las empleadas de Las Ostras, un puesto con 15 años de experiencia en estas lides.

 

La ganadería es la principal fuente de ingresos de Uruguay, que con apenas 3,3 millones de habitantes, es considerado el país con la mayor cantidad de vacas por habitante al contar con alrededor de doce millones de cabezas de ganado, y se ha ganado además el título del “más carnívoro del mundo” al registrar la cuota más alta de consumo de carne por persona.

 

“Hoy es un día religioso, motivo de la comunidad católica y no se puede comer carne, y entonces la gente se vuelca al pescado masivamente. En el Puertito del Buceo es tradicional. Hay más variedad y se concentra mucho acá”, cuenta Manuel, quien junto a su hija y nieta espera pacientemente en una larga fila con el objetivo de llevarse unas empanadas y paella elaborada.

 

Si bien Uruguay es un país laico por Constitución y con la cuota de católicos, según los estudios, más baja de Latinoamérica, estos días son festivos en casi todos los sectores profesionales y ciertos aspectos culturales vinculados a lo religioso se mantienen en la práctica popular como costumbres heredadas de antaño.

 

“Hay más gente que otros días. Ayer se movió muy lindo también todo el día. Llevan mucha corvina para la parrilla, después merluza, marisco para hacer paellas, bacalao…“, cuenta por su parte Andrés, encargado de la pescadería Altamar, convencido de que la multitud congregada nada tiene que ver con el número habitual de clientes del resto del año.

 

“Estamos en la Semana de Pascua, hay mucha fiesta de pescado. Es la Semana de Turismo -como se conoce oficialmente a la Semana Santa en Uruguay-“, matiza el dependiente, uno de los doce empleados del local, que comenzaron la jornada a las 8.00 GMT y la extenderán, vendiendo pescado sin parar, hasta bien entrada la noche.

 

Orgulloso y con rostro de satisfacción, Andrés muestra a la clientela un enorme pescado de 13 kilos. “Hay de 20 y 30″, comenta subiendo la voz.

 

Del mismo modo, haciendo un paréntesis en la ajetreada mañana de clientes, Sandra cuenta cómo la “linda merluza”, el lenguado, la pescadilla y las corvinas negras “muy buenas y grandes”, “todo fresco, nada congelado” son las preferencias de sus clientes, así como el salmón chileno importado, a su juicio “espectacular”.

 

Pescado, insiste, obtenido en barcos de pesca de gran altura de proveedores con una relación directa con el propietario del puesto.

 

“Siempre el Viernes Santo el pescado es lo principal, por costumbre más que nada”, explica por su parte Rosana, acompañada de su hija Oriana y su esposo César, quien con una sonrisa de oreja a oreja muestra la corvina de casi nueve kilos que horas más tarde cocinará a la brasa y “bien condimentada” para toda la familia, en la típica parrilla uruguaya.

 

Con una pieza de tal calibre, que les costó 750 pesos (unos 29 dólares) tendrán para “hoy y unos cuantos días más”. “Pero, bueno, nos sacamos el gusto”, insiste la mujer.

 

Sin embargo, les gana el pulso Sebastián, quien bien empaquetada se lleva una corvina de más de 11 kilos que acabará en el estómago de ocho personas, tras pasar, como no podía ser de otra forma, por el parrillero.

 

Eso sí, en El Buceo no todo son pescados para elaborar, ya que, como destaca Laura, desde dentro del mostrador de El Italiano, a la gente “le gusta descansar”, por lo que “tenés la paella pronta, las empanadas de bacalao, de salmón, de mejillones, de marisco o la gallega”.

 

“Es el día con más clientes del año. Es un llamador esto. Las empanadas del Buceo, de siempre”, concluye agitada mientras envuelve una con todo su empeño.

 

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