En el 50 aniversario del Centro de Estudios Superiores Aloya, de Vigo

Nuria Chinchilla, directora Centro Internacional Trabajo y Familia del IESE Business School-Universidad de Navarra: “La empresa es, hoy por hoy, la institución que impacta más en las personas”

“Las empresas no son solo responsables del entorno medio ambiental, sino del entorno humano en el que influyen sus acciones”

La directora del Centro Internacional Trabajo y Familia del IESE Business School además de profesora e investigadora, Nuria Chinchilla.

La directora del Centro Internacional Trabajo y Familia del IESE Business School además de profesora e investigadora, Nuria Chinchilla.

“Las mujeres hemos aprendido de los hombres lo más masculino de dirección de empresas, los hombres deben aprender -aquellos que todavía no lo saben- la parte más humana de la empresa”.

Es una de las afirmaciones de Nuria Chinchilla en el foro ‘Mujer, Empresa y Formación’, en el que se analizó el rol de la mujer en el entorno empresarial actual y se debatió acerca de sus oportunidades de liderazgo y la importancia de la formación en la selección de personal, que trajo a Vigo a la profesora Nuria Chinchilla directora del Centro Internacional Trabajo y Familia del IESE Business School Universidad de Navarra. Chinchilla a quién le gusta, ante todo, señalar que es madre y esposa, ofreció una conferencia, el martes 6 de marzo, titulada ‘Mujer y Liderazgo: agentes del cambio en nuestra sociedad’.

La profesora del IESE se basó en el libro, del que es coautora con  Maruja Moragas, ‘Dueños de nuestro destino: cómo conciliar la vida profesional, familiar y social’ (Ariel). “Para esas personas que tienen que ser líderes de otros”, señaló.

“Las mujeres están aportando ese cuidado y capacidad para llegar a los detalles. Ese fijarse en las personas y anticipar consecuencias. Saber leer en los ojos cuál es la emoción actualmente. Todo eso es muy femenino y el siglo XXI necesita un líder más humano, un líder capaz de entender a las personas no solo mirar los números…y los resultados”.

Para Chinchilla, “las personas equilibradas son capaces de generar familias sólidas creando vínculos de lealtad y de cohesión fuerte que, luego, se trasladan a las empresas. Así la empresa es productiva y más humana. Y como consecuencia la sociedad es más sana y sostenible”.

Los valores que faltaban en el siglo XX hay que incorporarlos ahora. “Las mujeres están aportando ese cuidado y capacidad para llegar a los detalles. Ese fijarse en las personas y anticipar consecuencias. Saber leer en los ojos cuál es la emoción actualmente. Todo eso es muy femenino y el siglo XXI necesita un líder más humano, un líder capaz de entender a las personas no solo mirar los números…y los resultados”.

“Evidentemente –continúa- estoy generalizando… hay hombres y mujeres de todo tipo y condición. La diferencia empieza en la biología y esto también hay que tenerlo en cuenta…No hay que subrayar solo la cultura, evidentemente es importantísima, porque el cultivo de los valores y de las competencias, al final, construye un carácter y una personalidad”.

La flexibilidad ha sido inducida por la mujer en la empresa. “La mujer agente del cambio, también lo ha sido en las empresas, porque toda la flexibilidad entra en una empresa cuando hay una mujer que es madre y está legitimada a pedir tiempos parciales e incluso a trabajar desde casa. Y cuando se empieza a entrenar en esa realidad una empresa y se dan cuenta de que es factible, se abre la brecha también para las que no son madres y para los hombres”.

“Agente de cambio ha sido la mujer en el siglo XX” dice la profesora Chinchilla. “Hay que abrir ese ojo femenino en las empresas… en la política, hace tiempo que se ha avanzado”.

“Si las empresas adoptan prácticas socialmente responsables y se centran en valores éticos, teniendo en cuenta a los empleados como seres humanos completos, la sociedad aumentará su capital humano y social, es decir, las personas”.

“Las empresas que quieran competir en el largo plazo, necesitan construir confianza en el mercado. Comprometiéndose en prácticas éticas y virtuosas mantendrán e incrementarán su base de clientes”.

Una de las razones es la confianza. “Las empresas que quieran competir en el largo plazo, necesitan construir confianza en el mercado. Comprometiéndose en prácticas éticas y virtuosas mantendrán e incrementarán su base de clientes”.

“Las empresas no son solo responsables del entorno medio ambiental, sino del entorno humano en el que influye sus acciones”.

ECOLOGÍA

“Estamos en una época en la que hablamos mucho de una ecología medioambiental, pero no hablamos de una ecología humana. Y ésta es tanto más importante que la otra. La empresa debe tener en cuenta ese entorno humano porque la empresa es, hoy por hoy, la institución que impacta más en las personas. Gracias a esa empresa, sus empleados se llevan un dinero a casa. Por eso podríamos preguntarnos cuanto tiempo y energía me llevo a casa para seguir construyendo mi vida en otros ambientes. Por eso necesitamos que las empresas tengan esa responsabilidad, sabiendo que ninguna decisión es neutra. Y que cada decisión conlleva valores que fortalecen o debilitan la salud del entorno humano. Por eso tenemos que formar personas, directivos/as, empresarios/as, políticos/as con los valores adecuados que trabajen en la toma de decisiones para que anticipen consecuencias”, afirma.

“Los valores son los que hacen realmente crecer, y los contravalores destruyen”, expone Nuria Chinchilla. “La pregunta es: ¿los valores de quién? Las personas que tomamos decisiones somos todos. Al final, somos padres/madres de familia, somos hijos, tenemos hermanos, trabajamos en algún lugar, cobrando o sin cobrar”.

“La persona tiene que ser la que crezca y se expanda en los diferentes ámbitos. La persona humana es un ser libre con distintos grados de operatividad. En ese ser libre hay cinco dimensiones en las que somos iguales hombres y mujeres: dimensión física, afectivasocial (igual en los animales no racionales) pero luego tenemos la dimensión intelectual (inteligencia, capacidad de abstracción y mi voluntad de hacer aquello que veo que conviene), y la espiritual (capacidad de transcender). 

“La persona tiene que ser la que crezca y se expanda en los diferentes ámbitos. La persona humana es un ser libre con distintos grados de operatividad. En ese ser libre hay cinco dimensiones en las que somos iguales hombres y mujeres: dimensión física, afectiva, social (igual en los animales no racionales) pero luego tenemos la dimensión intelectual (inteligencia, capacidad de abstracción y mi voluntad de hacer aquello que veo que conviene), y la espiritual (capacidad de transcender). Todo esto lo tenemos igual hombres y mujeres. Lo que ocurre es que luego en cada célula de nuestro cuerpo está el XX o el XY, dependiendo de si somos mujeres u hombres. Y esto es lo que cambia nuestro modo de pensar. El embrión a los 15 días tiene un baño de hormonas y ya, desde entonces, se empieza a conformar un cerebro diferente. Más pequeño el de la mujer que el del hombre, y que va a funcionar de modo distinto. El de mujer tiene la parte derecha e izquierda totalmente interrelacionada y, cuando pensamos, todo se une. En cambio, el hombre piensa con la parte izquierda y casi no tiene ninguna unión con las emociones. Es totalmente distinto. Por eso cuesta tanto a la mujer olvidar”.

Todos tenemos lo mismo que hacer en la familia y en el trabajo…, pero es interesante pensar que estamos en un mundo de hombres y pensado por los hombres, sobre todo el mundo anterior, especialmente en la empresa, y que al ser hombres y mujeres nos lleva a juzgar de manera distinta el mismo comportamiento cuando es uno u otro”.

Los rasgos diferenciales hombre/mujer los desgrana la profesora Chinchilla comentados uno a uno. “El hombre más competitivo y la mujer más colaborativa; resolutivo/comunicativa; agresivo/asertiva; sistemático/empática; independiente/interdependiente; racional/más intuitiva; orientado a resultados/orientada a personas; corto plazo/largo plazo; impaciente/paciente; centrado en la acción/anticipa consecuencias”.

Y concluye: “Somos distintos y no reconocemos las diferencias sino que estamos empeñados en lo de la igualdad. La igualdad está bien para construir desde las diferencias. Por eso en lugar de igualdad podríamos hablar de igualdad de oportunidades”.

La profesora emplea estas metáforas: techo de cristal y techo de cemento. “El techo de cristal está en la selección, formación, promoción, evaluación, remuneración y conciliación”.

“El Techo de cemento es prioridades, autoestima, miedo al fracaso, delegación, negociación y networking. En el techo de cristal hay que empoderar a la mujer; en cambio, en el de cemento, se va fraguando poco a poco y como el poder viene de dentro, la mujer deberá sacarlo de sí misma”.

La profesora Chinchilla, entonces, se pregunta “por qué los políticos legislan para que la mujer trabaje siempre fuera de casa”, cuando, según un estudio de la London of Economics, se ha contabilizado que un 60% de mujeres quieren conciliar trabajo y familia; y que existe un 20% que solo quiere trabajar fuera de casa y otro 20% que quiere trabajar en casa.

La brecha salarial, recuerda, según la OCEDE es el 14% entre hombres y mujeres y la brecha de jubilación, según estudio del IESE en 2014, es del 40%. Desde este año, las mujeres que tienen 2, 3 o 4 hijos están cobrando un 5, 10 o 15% más en jubilación. Por esto, anima a la mujeres pensar cuál es su techo y si están tanto ellas como los hombres en su ‘zona de confort’ muriéndose y sin enterarse.

Nuria Chinchilla propone “replantear los sistemas políticos, económicos, familiares y sociales a favor de la humanización. Así como generar estructuras pensadas a medida de las mujeres y los hombres de hoy: más justas y más humanas. Esto es repensar el mundo de la empresa, las estructuras con hombres y mujeres que están trabajando en esa empresa y que además quieren ser padres y madres de familia”.

A la vez, sugiere Nuria Chinchilla “elaborar una cultura que concilie razón y corazón, respete a la mujer y eduque para hacerla respetar, y que amplíe el punto de vista”.

A la vez, sugiere Nuria Chinchilla “elaborar una cultura que concilie razón y corazón, respete a la mujer y eduque para hacerla respetar, y que amplíe el punto de vista”.

Para que el siglo XXI sea sostenible -rescatando una propuesta que hizo en 2012, cuando fue candidata de España para ONU-CDOU, la Comisión Antidiscriminación de la Mujer-, necesitamos FFF como criterios que tenemos que usar en todas las decisiones y eso cambiaría el mundo. La primera F, la feminidad, abrir el ojo femenino con todo lo que eso significa: me cambia el mundo, la realidad. La F de familia porque no somos islas en un océano, no somos individuos para los que siempre se legisla o por el rol. Somos personas que estamos continuamente dejando de depender o dependiendo de las personas a las que nos debemos: antes que nada a nuestros hijos, a nuestros maridos a nuestros padres… Y la F de flexibilidad, porque todo lo que está vivo es flexible. Tiene que ser tratado de modo flexible porque si no, lo matamos. Por tanto, la responsabilidad de la empresa empieza por los empleados y sus familias. Darle la importancia debida a la familia del empleado porque, según esté, así va a venir el empleado a trabajar… A todo esto se puede añadir la F de la fe en los proyectos, la fe en ti misma, o la Fe con mayúsculas…”.

“La tres F –sigue- nos llevan a 6 C: Complementariedad hombre y mujer y por tanto las sinergias, la C del Cuidado, la economía del cuidado. Vamos a una sociedad de máquinas y hay que hacer hincapié en el cuidado de los seres humanos y esto es típicamente femenino. Las mujeres hemos aprendido de los hombres lo más masculino de dirección de empresas, los hombres deben aprender -aquellos que todavía no lo saben- la parte más humana de la empresa. La otra C es la de Corresponsabilidad que se aprende cuando se convive bien en familia y los hijos aprenden que papá y mamá hacen de todo y que intercambian los trabajos de la casa, si es que así lo han decidido. Además, la C de Competencias. Como no hay tiempo ni energía para educar a los niños y hacerlos crecer con tiempo y cariño, acaban llegando a las empresas personas muy egocéntricas y con muy pocas competencias interpersonales, llámense virtudes humanas, para lo que es el crecimiento social. Entonces es la empresa la que tiene que educar a esas personas, lo que cuesta…, y no siempre es tan sencillo. Y luego, la Flexibilidad da otras dos C, Compromiso y Confianza. El Compromiso quiere decir que va a hacer lo posible para que ese proyecto salga a adelante porque es tanto mío como suyo. Porque su necesidad es tan tuya como suya. Y… tú también eres flexible cuando ellos lo necesitan”.

“No hay que atraer y retener el talento –critica y subraya con su voz Nuria Chinchilla-. Retener significa poner cadenas. Yo  quiero ser fidelizada. Fidelizar es comprometer. Porque me da la real gana…, porque vale la pena el proyecto, la empresa, la persona que me está contratando o este directivo…o esos colegas. Así estamos desarrollando esa externalidad, como los economistas, que ni se compra ni se vende, sin la que es imposible que haya mercado. Esto es, la confianza. Si no somos gente fiable y confiable es imposible que podamos seguir adelante”.

“La batalla –resume Chinchilla- está en ir de la mano hombres y mujeres para seguir avanzando. Y avanzado se hace tomando decisiones que sean racionales y de avance. No quiere decir que luchemos contra alguien sino que estamos intentando diagnosticar bien las causas de los problemas e ir a ellas. En cada empresa ver si hay una causa injusta. Por supuesto, seguir luchando para que los derechos humanos sean iguales para hombres y mujeres”.

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