La imparable Amazon

Amazon va camino de comerse a todos sus rivales. Primero lo hizo con las librerías, luego lo hizo con las tiendas de electrónica, con las de bicis, con las de discos, con las compañías de transportes, con los grandes almacenes… Y dentro de poco, también quiere hacerse con la parte del pastel de los supermercados y de los concesionarios de coches.

Pero aunque Amazon es una fuerza imparable, todavía no domina al 100% los mercados en los que está luchando. Pero está claro que algún día logrará aniquilar por completo a sus competidores. ¿Qué pasará entonces? ¿Cómo será ese sector? No hay que ser adivino para saberlo. Solo hay que fijarse en el único campo en el que de verdad es el líder indiscutible: en la venta de libros.

Amazon empezó allá por el año 1994 como una empresa que vendía libros por Internet. 25 años después es muchísimo más, pero sigue vendiendo literatura. Y se ha convertido en el número 1 en este aspecto, con mucha ventaja sobre los demás.

Un reportaje del New York Times analiza la posición de monopolio de dominancia de la compañía de Jeff Bezos en este sector. Y la verdad es que no sale muy bien parada en la pieza.

En el artículo queda bien claro que Amazon no tiene control sobre lo que vende. Por eso hay muchos libros, tanto divulgativos, como científicos como de literatura, que son copiados de una manera burda y vendidos bajo el mismo nombre del autor y de la editorial, pero a un precio más bajo que el original.

Esas copias baratas evidentemente se venden mucho mejor que los originales, pero los verdaderos autores y editores de la obra no se llevan ni un euro. Dicho en plata: en Amazon se venden falsificaciones y nadie parece querer controlar la situación. Es lo que pasa cuando tienes el monopolio de algo: te da igual el servicio que ofrezcas, porque los consumidores tienen que recurrir a ti sí o sí, no hay otra opción.

En el reportaje del New York Times se habla de libros de Medicina, pero también de best sellers o incluso de libros infantiles. Parecen los originales en la tienda, pero en realidad son copias de baja calidad.

Pero este problema no solo afecta a los libros. Hace unos años se descubrió que michos de los cargadores de iPhone y de ordenadores Mac que se vendían a través de Amazon eran falsos, aunque los diferentes vendedores aseguraban que eran verdaderos. Aunque los clientes se quejaron en masa, Amazon no hizo nada.

Y eso es solo el principio de lo que puede venirnos encima. Si Amazon acaba con los supermercados, ¿qué tipos de alimentos venderá? ¿Controlará la calidad o pasará lo mismo que con los libros, que le dará absolutamente igual lo que ocurra con ellos? Parece que la respuesta está clara.

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