Los jóvenes de EEUU creen que pueden salvar el mundo y ser ricos

Los mileniales, y sus hermanos más jóvenes de la Generación Z, que en conjunto representan el 40% de la población de Estados Unidos, tienen cosas más importantes de las que preocuparse que el desdén de sus mayores.

Muchos llevan años tratando de encasillar a los mileniales, especialmente en cuanto a esos venerados tótems del siglo 20 que están destruyendo: cines, supermercados, automóviles, propiedad de viviendas, lo que sea…

Pero los mileniales, y sus hermanos más jóvenes de la Generación Z, que en conjunto representan el 40% de la población de Estados Unidos, tienen cosas más importantes de las que preocuparse que el desdén de sus mayores (de todas formas, tampoco es que lo hagan).

Es cierto que estas generaciones quieren una carrera con la que puedan marcar una diferencia, incluso si no ganan mucho. Montones de encuestas dicen lo mismo: muchos jóvenes estadounidenses creen que pueden trabajar menos que la Generación X y proporcionar un mayor beneficio a la sociedad.

El enigma, por supuesto, es que la explosión de la deuda estudiantil y la concentración de empleos en ciudades escandalosamente caras hacen de esta convicción todo un desafío. A medida que progresan en la universidad y la escuela de posgrado, eligen una carrera y deciden dónde vivir, millones de adultos jóvenes lo quieren todo en un momento en que menos pueden permitírselo.

Bloomberg entrevistó a profesores, administradores, estudiantes y recién graduados de la Universidad de Stanford en California, la Escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania y la Escuela de Diseño Parsons en Nueva York, y les preguntó qué buscan los graduados de hoy y cómo se proponen lograrlo. Las respuestas podrían sorprenderle.

“Cuando comencé en Stanford, tenía estudiantes que venían diciendo: ’Me encantan las computadoras y es lo que quiero estudiar, pero mis padres dicen que tengo que hacer el programa de premedicina’”, recordaba Terry Winograd, profesor jubilado que comenzó a enseñar informática en la década de 1970. “Ahora, los hay que vienen y dicen: ’Esto de la informática está bien. La verdad es que no me gusta, pero mis padres dicen que tengo que hacerlo’”.

Pero a medida que la tecnología y las startups se apropiaron de Silicon Valley, la informática lo hacía de Stanford. Ahora se encuentra entre los principales grados de la escuela. “Cuando comencé, no era la forma de ganar dinero”, dijo Winograd. “Era para estudiantes a los que sencillamente le encantaban las ideas”.

Pero la reputación de la disciplina ha cambiado. Hoy en día, muchos estudiantes de informática la eligen porque hay posibilidad de ganar mucho dinero después de la graduación. De acuerdo con la investigación de Glassdoor, las carreras de ingeniero de software y desarrollador de software son los empleos más populares entre los mileniales y la Generación Z. Pero en Stanford, los objetivos profesionales pueden ser un poco diferentes a los de otros lugares.

“Hay un entendimiento en Stanford en el que conseguir un trabajo siempre es el plan B”, dijo Akshay Kothari, antiguo especialista en informática de Stanford. “Cuando oían que había aceptando un trabajo en Microsoft, se decepcionaban y decían: ’Siento que no funcionase’”.

Tras graduarse con un máster en 2010, Kothari, actualmente de 33 años de edad, decidió abandonar su trabajo en Microsoft para continuar trabajando en la startup que cofundó en una clase de diseño. Unos tres años más tarde, LinkedIn compró la empresa, Pulse, por alrededor de US$90 millones. Kothari ahora trabaja en otra startup llamada Notion.

Allie Miller, de 31 años, decidió cursar un máster en Administración de Empresas. Su padre también obtuvo un MBA, pero sus motivos y experiencias eran completamente diferentes, dijo.

“Me imagino a personas en pantalones de campana quedándose en una carrera más de 20 años, independientemente de si eso era lo que querían hacer y si eran felices o no”, dijo Miller sobre la generación de graduados de B-school de su padre.

Los estudiantes de Wharton, la mayoría de los cuales tradicionalmente iban a la banca de inversión, ya no encajan en ningún molde, dijo Michelle Hopping, directora de gestión de carreras de la escuela. La mayor parte de los graduados, el 37%, se dedica a algún tipo de servicios financieros, pero ya no se trata mayormente de banca de inversión. “Creo que hay un esfuerzo de personalización, donde los estudiantes entran con áreas de interés más específicas”, dijo Hopping.

Con más de 11 millones de ofertas de trabajo y reseñas de más de 900.000 empresas en Glassdoor, los recién graduados disfrutan de numerosas oportunidades y mayor transparencia que nunca. Eso, junto con las redes sociales, dijo Miller, hace que sea “mucho más difícil no saber que uno está en un mal trabajo”.

Hopping argumentó que los mileniales no son tan diferentes a sus predecesores cuando se trata de elegir una carrera, al menos al principio. Están enfocados en encontrar trabajo en el sector correcto, que pague lo suficiente y tenga una cultura de compañía compatible, dijo. Lo único que ha cambiado, coincidieron Miller y Hopping, es el deseo de marcar la diferencia, en lugar de solo ganar dinero.

“Los genes MBA han mutado”, dijo Miller. “A la gente de mi clase realmente le importa ser un colaborador más que un engranaje”.

Jasmine Yee asistió a una escuela secundaria de artes en Brooklyn, Nueva York, por lo que sus padres no se sorprendieron cuando se decidió por Parsons para la universidad. Pero querían asegurarse de que realmente quería una carrera en diseño si iba a pasar cuatro años estudiándola, y si ellos la iban a costear.

“No procedo de una familia súper rica, sin duda fue algo arriesgado”, dijo Yee, de 20 años. “Si me apoyaban iba a hacer que funcionase”.

La generación de Yee está aterrizando en un mundo donde la deuda estudiantil supera US$1 billón, y millones de graduados están en incumplimiento. Aquellos que tienen que pagar una deuda estudiantil, tienen la presión de aprovechar esos costosos grados y ganar la mayor cantidad de dinero posible. Cuando su trabajo soñado está en el sector de los medios, el diseño o las artes, ese objetivo puede resultar difícil.

Todos en Parsons parecen tener esa presión en común, dijo Yee, quien acaba de terminar su tercer año estudiando diseño de productos. “Algunos llegan con más privilegios que otros”, explicó. “Pero, dicho esto, creo que todos estamos tratando de lograrlo”.

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