Budapest presenta el arte comunista de los años sesenta

Fotografía facilitada por la Galería Nacional de Hungría de la obra "Reproducción de la pintura del artista húngaro, László Gyémánt: Construcción (1965)" que se expone en la muestra "Dentro del marco. El arte de los años 60 en Hungría (1958-1968)", de la Galería húngara.

Fotografía facilitada por la Galería Nacional de Hungría de la obra “Reproducción de la pintura del artista húngaro, László Gyémánt: Construcción (1965)” que se expone en la muestra “Dentro del marco. El arte de los años 60 en Hungría (1958-1968)”, de la Galería húngara.

En la década de 1960 bajo el comunismo, el arte representaba en Hungría una fiel imagen del régimen, cuando pese a las limitaciones de los derechos fundamentales se buscaba formas para expresarse siguiendo los nuevos estilos y crear algo que pudiera durar en el tiempo.

La muestra “Dentro del marco. El arte de los años 60 en Hungría (1958-1968)”, abierta al público en la Galería Nacional de Hungría hasta el 18 de febrero próximo, trata de recuperar este arte.

Después de la fallida revolución antisoviética de 1956 el régimen de János Kádár, que dirigió el país hasta la caída del Telón de Acero en 1989, desarrolló un peculiar sistema de aparente apertura en comparación con otros países del bloque comunista, pero que al mismo tiempo se basaba en claras restricciones.

El sistema, conocido en húngaro como el de las tres “t”, TTT, consistía en las políticas de prohibir, tolerar y apoyar (tres palabras que en húngaro comienzan con “t”), y era la clave que decidía la suerte de los artistas en Hungría.

“La muestra quiere revelar este punto ciego”, principalmente el de las obras toleradas y apoyadas, explica a Efe Zsolt Petrányi, el comisario de la muestra.

El historiador del arte agrega que las obras nacieron en una época cuando “pese a la consolidación posterior a 1956, se construyó un régimen marcado por una red de delatores y limitaciones de las libertades, con lo que se controlaba también el arte”.

Aunque muchas de las 350 obras son poco conocidas, la exhibición también recoge trabajos de pintores destacados como Béla Kondor, Dezsö Korniss, Tibor Csernus o Ignác Kokas, entre otros.

En los años sesenta se fue perdiendo gradualmente la supremacía del realismo socialista, un estilo que colocaba en el centro al hombre “representado como una figura con determinación y con cara propia, que principalmente trabaja y estudia”, resume Petrányi.

En esa época “esta figura pierde su rastro y se convierte en un símbolo, ya no es una persona, sino un miembro de una sociedad”, agrega el comisario de la muestra.

Los artistas de la época trataban de replantear los temas, como la vida de los trabajadores o la vida cotidiana de la ciudad, aplicando nuevos estilos y técnicas, pero siempre dentro del marco determinado por el régimen comunista.

Una de las metáforas más importantes de la época era la construcción, como símbolo de la edificación del socialismo para poder llegar después al comunismo.

Estos marcos ofrecían la posibilidad de un discurso de doble sentido, recalca Petrányi, dando el ejemplo de la pintura de László Gyémánt, titulada “Construcción” (1965).

El artista “cuestiona si se está edificando el socialismo y sugiere que el régimen no es nada más que un esqueleto, una estructura, que puede caer y derrumbarse, dejando claro que no hay nada detrás de los andamios”, explica Petrányi, señalando que los obreros no trabajan en la pintura.

La inclusión de los húngaros en las corrientes modernas era más profunda de lo que se imagina, ya que el régimen toleraba a artistas occidentales relacionados con los movimientos izquierdistas, como Pablo Picasso, Fernand Léger o Renato Guttuso, entre otros, que transmitían la estética de las nuevas vanguardias al país.

Igual así había temas que el régimen no toleraba, como cuestionar el sistema socialista, tratar de forma benévola la revolución de 1956 o criticar a las tropas soviéticas en el país.

La muestra representa en una sala estas obras, en su mayoría abstractas y surrealistas, con estilos estrictamente prohibidos.

“Lo abstracto estaba relacionado con Estados Unidos y la elite, mientras que era un estilo sin las moralejas deseadas. Lo mismo sucedía con el surrealismo, ya que las asociaciones libres podían tener consecuencias imprevisibles”, explica el comisario.

Más allá de la pintura y la escultura, la muestra recoge también muebles y objetos de la época, que se atenían a las tendencias modernistas de los años sesenta del siglo pasado.

Muchas de las obras de la muestra se exponen por primera vez, destaca Petrányi y expresa su esperanza que la exposición resulte interesante también para los aficionados al arte contemporáneo.

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