Un enamorado de las Montanhas Mágicas acaballo entre región norte y central de Portugal

Paulo Pereira, biólogo y músico: “Turismo es compartir una pasión”

“Las cosas cambian influyendo en la gente de forma positiva”

Paulo Pereira es un enamorado de las Montanhas Mágicas además de un buen conocedor de esta comarca.

Paulo Pereira es un enamorado de las Montanhas Mágicas además de un buen conocedor de esta comarca.

Es un enamorado de un territorio luso, un aventurero, un apasionado, un militante de la Naturaleza que se entusiasma con la montaña, con los ríos, con las carballeiras de altura… Es, en síntesis, el sabio de las Montanhas Mágicas que engloba los municipios de  Arouca, Castelo de Paiva, Castro Daire, Cinfães, São Pedro do Sul, Sever do Vouga y Vale de Cambra.

La Ruta de la Piedra y el Agua, con 114  puntos como el de los Passadizos de Paiva  con la cascada de Aguieira, donde es entrevistado Pereira por Grupo ES., y que recorre las Montanhas Mágicas, fue organizada y valorizada por él y un equipo de  ADRIMAG, la Asociación de Desenvolvemento Integrado das Serras de Montemouro, Arada e Gralheira.

Sabe un ‘montón’ sobre la comarca, que reúne a estos 7 municipios bajo la marca registrada Montanhas Mágicas con algo más de 168.000 hectáreas y una población de más de 126.000 almas, a caballo entre el Norte y el Centro de Portugal.

Paulo Pereira está curtido en mil batallas. Su perfil es poliédrico: biólogo, músico, profesor, emprendedor… habla además del portugués, por necesidad, dice, otros cinco o seis idiomas.

Desde hace 15 años ha sido capaz de conciliar todas sus capacidades y preferencias de trabajo,  asegurándose el sustento para su familia, tras resolver la “presión” a la que fue sometido. Sin duda, la universidad, dice, le hubiese dado mejor posición económica pero no la felicidad que tanto valora, el hacer lo que a uno le gusta, aunque no se sepa qué será de uno dentro de un año. Toda “una simbiosis” entre su parte musical, de biólogo y organizador de proyectos. Y resume: “Es aceptarme como soy y llevar el sustento a casa”. Porque hay que elegir el camino y señala que, frecuentemente, lo que nos gusta no es lo que da más dinero.

No es un guía al uso cuando desempeña este trabajo ocasional, porque transmite vivencias personales en el propio territorio que muestra.

La ciudad de Barcelona, a donde fue como Erasmus, y luego se quedó otros 4 años, le marcó mucho. “Casi me olvidé de que era portugués”. Su vida en ciudad Condal “fue importante porque era, primero, un mundo nuevo y, segundo, ha sido en un momento de mi vida en que se estaba formando mi personalidad. Mi apertura a todas las cosas la he aprendido, sin duda, en Barcelona”.

A su vuelta promovió un festival de danza, Andanzas, “porque tenía necesidad de hacer algo diferente” y “fue una forma de traer el mundo que había visto en Barcelona”.  El objetivo era ambicioso: “Empezar un movimiento folck en Portugal”. Y lo puso, con otras personas, en marcha.

El Turismo para Paulo Pereira es “compartir una pasión”. Para él, el turismo de Naturaleza es una fuente de “fascinación, de sorpresas, que toda la gente debería tener”. Entiende él que todo tiene que ser “auténtico” porque la gente cada vez es más exigente y busca personas que transmitan experiencias que las han vivido antes. “Tengo una pasión por el patrimonio natural, por las cosas únicas…”.  Y añade: “Las cosas cambian influyendo en la gente de forma positiva”.

Paulo admite, con sencillez, que en España hay sitios igual de hermosos o más que los lusos, pero la diferencia estriba en la gente, en la comunidad.  En Portugal, los pueblos pequeños están menos abandonados y aislados que en España… Y el trato con la gente es importante ofrecerlo al visitante.

La reforma que cree más necesaria este biólogo, en términos de medio ambiente en Europa, es que, en cualquier inversión en el mundo rural, debería contemplarse la preservación del paisaje y del hábitat. “No al cien por cien, pero sí algo representativo”. Además de “prevenir no remediar” como no se hizo con los ríos, explica, en Francia. Pereira cree que en la Península Ibérica todavía estamos a tiempo.

A los empresarios les anima a alimentar “la preocupación ambiental”.  Y añade que es algo “moderno” y que garantizará el futuro. La responsabilidad ambiental y social, junto con las facilidades a los trabajadores para que estén en contacto con la Naturaleza, “porque sólo se respeta lo que se conoce. No es una pérdida de tiempo, porque el personal vuelve luego al trabajo y rinde más”, concluye.

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