La Champaña en campaña para liderar la venta de espumosos

De los alrededor de 307 millones de botellas de champán que se vendieron el año pasado (0,4% más que en 2016), más del 72% procedían de bodegas de casas de champán, mientras que el resto se enviaron desde cooperativas vitícolas y viticultores.

De los alrededor de 307 millones de botellas de champán que se vendieron el año pasado (0,4% más que en 2016), más del 72% procedían de bodegas de casas de champán, mientras que el resto se enviaron desde cooperativas vitícolas y viticultores.

Los viticultores de la Champaña, enfrentados a la competencia del cava español y el prosecco italiano, se ven obligados a repensar su estrategia, en un momento en que registran un volumen de negocios récord pero las ventas caen en el mercado francés.

De los alrededor de 307 millones de botellas de champán que se vendieron el año pasado (0,4% más que en 2016), más del 72% procedían de bodegas de casas de champán, mientras que el resto se enviaron desde cooperativas vitícolas y viticultores, según el Comité Champán.

“Entre 2007 y 2016, los viticultores perdieron alrededor de 25% de su volumen de envíos”, señala Aurélie Ringeval-Deluze, profesora de economía y de gestión especializada en economía del vino en la universidad de Reims Champaña-Ardenas.

En el mercado francés, donde encuentran dificultades frente a otros espumosos franceses y extranjeros, como el cava y el prosecco, las ventas de champán se redujeron 2,5% en conjunto, y 4,9% en el caso de los viticultores, lo que supone una diferencia de 2,5 millones de botellas entre 2016 y 2017 para este sector, según el órgano institucional de los fabricantes de champán.

El volumen de negocios récord de 4.900 millones de euros en 2017 esconde algunas complicaciones.

“El mercado francés es difícil, competitivo… Pero el 80% del champán de los viticultores se vende en Francia”, destaca Maxime Toubart, presidente del Sindicato General de viticultores de Champaña.

Ante esta situación, muchos viticultores prefieren vender todo o parte de sus cosechas a las casas que producen y embotellan, una solución rentable con unas uvas a “entre 5 y 8 euros” por kilo, explica.

“Los viñedos dependen cada vez más de las casas [de champán] para agotar la producción”, explica Toubart, ya “que estas tienen la posibilidad de vender las botellas muy lejos y muy caras y así pagar mucho por las uvas”.

– Viticultores al límite –

Para seguir comercializando su propio champán, algunos viticultores deciden lanzarse a las exportaciones, estimulados por el aumento de las ventas en otros países (+8,4%).

“Alrededor de 50% de mi producción, esto es, unas 15.000 botellas, se van a Estados Unidos e Italia, así como a Suecia y Dinamarca”, explica Benoît Velut, un joven viticultor que destina a producción las uvas de 3 de sus 7,7 hectáreas y el resto las vende.

Para adaptarse a las nuevas circunstancias, se unió a una asociación de 10 viticultores donde cada uno aporta su experiencia y sus competencias, “una ayuda enorme, porque no tengo ninguna formación comercial”, reconoce.

Por su parte, el Sindicato General de Viticultores lanzó propuestas como unos “servicios de acompañamiento”, una marca común, salones para sus adherentes y formaciones para ayudar a los viticultores a comercializar su champán de calidad.

“Existe una verdadera tendencia hacia […] la desaparición progresiva de [los viticultores] que están al límite porque su modelo económico no ha evolucionado desde hace 20 años y ya no encaja con las necesidades del mercado”, analiza Aurélie Ringeval-Deluze.

En 2016, le Comité Champán censó 4.364 viticultores que se dedican tanto a cosechar como a vender, un número que no deja de aumentar desde hace 10 años.

“Gracias al aura de la apelación champán, los viticultores han estado protegidos durante mucho tiempo de la evolución económica del mundo actual, pero al final los atrapó”, constata.

En su opinión, “la pérdida actual de los envíos de champán es bastante lógica, casi sana”, ya que no impedirá a los viticultores con “verdaderos argumentos comerciales” ni a los “productores típicos” tener “futuro en la comercialización del vino”.

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