Montanhas Mágicas, Ruta de la Piedra y el Agua, San Pedro do Sul, aldea da Pena, ‘Camino del Muerto que mató al vivo’

Paulo Pereira, músico y biólogo: “Es el bosque antes de la existencia del hombre”

480 millones de años de los que dan fe los trilobites y los incnofósiles

Paulo Pereira tocando la flauta en un lugar privilegiado como es en el arrollo de la Pena, haciendo un alto en el ‘Camino del Muerto que mató al vivo’ .

Paulo Pereira tocando la flauta en un lugar privilegiado como es en el arrollo de la Pena, haciendo un alto en el ‘Camino del Muerto que mató al vivo’ .

¿Se imaginan que un ataúd es transportado por vecinos de la aldea de Pena a lo largo de un camino de mucho desnivel y abrupto hacia el cementerio de Covas do Rio, ya que no existía camposanto en Pena, y, en un momento, uno de los porteadores se despeña y muere? De ahí le que quedase este nombre a la ruta, ‘Camino del Muerto que mató al vivo’.

Pero todo en este camino es vida, fertilidad y aire puro. Se trata de una de las zonas más remotas y vírgenes de las Montanhas Mágicas, en San Pedro do Sul, en la Ruta de la Piedra y el Agua, concretamente en la aldea da Pena.

Un lugar que mantiene las huellas del pasado en sus piedras. Así lo explica –manifestando emoción y respeto- el  músico, biólogo y guía, Paulo Pereira. “Es el bosque tal cual antes de la existencia del hombre… Es un regalo para la vista y el alma. Hacer este camino es una experiencia espiritual enriquecedora… Un lugar para recuperar la alegría perdida por la dureza de la vida”.

Pereira señala la ‘livraria da Pena’ –estratos cuarcíferos que datan del Ordovícico- accesible a la vista al transitar por este sendero antiguo de abrupto trayecto, ‘Camino del Muerto que mató al vivo’, y que se prolonga a lo largo del arroyo de la Pena hasta Covas do Rio, en un sendero de 3 kilómetros.

En el fondo, donde remata la cascada, Paulo exclama que nos contemplan 480 millones de años. En el recorrido fue señalando, para que no pasen desapercibidos, en este paisaje ancestral, los trilobites -una clase de artrópodos extintos- y otros animales que vivían en las arenas de las márgenes poco profundas del paleocontinente Gondwana. En las losas giradas al sur han dejado sus rastros, formando incnofósiles.

En este lugar idílico Paulo Pereira saca su flauta y ofrece una melodía improvisada acompañado por el cantar del agua que viene de la cascada.

En este valle que une las aldeas de Pena y Covas do Rio –en el municipio de San Pedro do Sul- Pereira siempre insiste en observar su botánica. Una gran diversidad de especies de gran tamaño, contándose más de 20 especies de árboles y arbustos (acebo, avellano, encina, alcornoque, melojo, roble común, almez, nogal común, laurel, saúco negro, álamo negro, fresno, aliso común, abedul, sauce cenizo, lauroceraso de Portugal, sauce, cerezo, castaño, pino, endrino, aliso negro, espino albar y el serbal de los cazadores). Todas estas especies forman un denso bosque que dificulta la llegada de la luz al suelo.

Junto al río son muchas las especies que se pueden encontrar, como la salamandra rabilarga y la rana patilarga. La ballestera, planta rara en la región, es común aquí y los cuarcitos son además el hábitat de plantas rupícolas como los candeleros del diablo y la encinilla portuguesa.

El viajero puede recalar en la aldea de Pena, integrada en la red de Aldeias de Portugal. Pena es un poblado con casas de pizarra bien preservado, enclavado en el valle, y en sus alrededores, prados y grandes peñas.

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