Sinsal, un festival en una isla como san Simón con una historia fantástica

Actuación de Nélida Karr durante el Festival Sinsal, que se ha celebrado esta semana en Illa de San Simón y es uno de los eventos musicales más singulares del circuito festivalero.

El cartel de cada día se mantiene oculto hasta el último minuto, pero el Festival Sinsal es ya un secreto a voces.

La isla de San Simón, un territorio que ha sido convento, lazareto y campo de concentración y que Julio Verne incluyó en sus “20.000 leguas de viaje submarino”, acogió esta semana uno de los eventos musicales más singulares del circuito festivalero.

La filosofía del Sinsal, que ya va por su novena edición consecutiva en la isla -aunque nació en Vigo en 2003- y se clausura hoy, pasa por descubrir a artistas de calidad y poco conocidos, según Julio Gómez, codirector del certamen. Músicos como Antony and the Johnsons o Coco Rosie pasaron por aquí hace tiempo, cuando casi nadie en España los había escuchado.

Este año su apuesta por la vanguardia se ha traducido en nombres como Nelida Kerr, una compositora, cantante y multi-instrumentista guineana que desafía todos los cánones y que combina jazz con ritmos latinos y africanos; el proyecto del británico Cosmo Sheldrake (hijo del científico Rupert Sheldrake), creador de evocadores collages sonoros con la ayuda de sintetizadores y procesadores de ‘loops’, o el sudafricano Nakhane, que fusiona un rock indie que recuerda a Arcade Fire con influencias soul.

La evidencia de su tino al fichar artistas es que, a pesar de que el público desconoce quien va a tocar hasta que pone un pie en la isla el mismo día de los conciertos, las entradas se agotan con meses de antelación. El aforo, dadas las dimensiones de la isla -250 metros de ancho y 84 de largo-, es de 700 entradas por día y ahí radica también parte de su encanto.

Entre concierto y concierto uno puede pasear entre eucaliptos y coníferas gigantes, dejarse sorprender por las esculturas contemporáneas de Francisco Leiro, Manolo Paz o Moncho Lastra, o rastrear la conmovedora historia de este pequeño territorio con la ayuda de Gómez, que además de dirigir el festival es historiador, y de la doctora en Bellas Artes Iria Vázquez. Ambos han propuesto un recorrido guiado dentro de las actividades paralelas en esta edición.

“La leyenda empieza con la batalla de Rande”, cuenta Gómez, una contienda que en 1702 enfrentó en la ría de Vigo a las coaliciones anglo-holandesa e hispano-francesa, en el contexto de la Guerra de Sucesión Española. “Se decía que desde entonces había tesoros escondidos bajo el agua y Julio Verne, que solía documentarse e investigar mucho antes de escribir sus novelas, localizó por ello en las inmediaciones de la isla una escena de sus ‘20.000 leguas de viaje submarino'”. En ella, el capitán Nemo detalla cómo los buzos del Nautilus rescataron cofres de oro y plata del fondo de la ría.

El paseo guiado arranca en un rincón de árboles frutales que fue el cementerio del lazareto habilitado en la isla entre 1842 y 1923 para frenar la expansión de enfermedades contagiosas. No sirvió de mucho, puesto que al otro lado de la ría algunos locales vieron un modo de hacer dinero fácil sacando a personas clandestinamente. “El resultado fue que dos de las plagas más mortíferas del siglo XX en España entraron por la ría de Vigo”, recuerda Gómez.

Un camino de piedra construido por presos republicanos y bautizado por ellos mismos como avenida de Teruel, en homenaje a los caídos en esa batalla, evoca otro episodio negro de la isla de San Simón, que entre 1936 y 1941 fue una de las cárceles más crueles de la época, donde los presos dormían hacinados en literas de cinco en cinco, en condiciones insalubres y morían de hambre, según cuenta Vázquez.

Lo que el Sinsal propone es reconectar con un pasado más lejano y luminoso, cuando la ría inspiró a trovadores medievales como Johan de Cangas, Martín Codax o Mendinho, quien en el sigo XIII compuso una cantiga en la que se mencionaba explícitamente la isla de San Simón.

“Ocho siglos después, la música vuelve a San Simón”, señala Gómez.

Y lo hace con ritmos que no pueden ser más alegres que la electrocumbia y el merengue de los gallegos Esteban y Manuel, que causaron una auténtica revolución, conga multitudinaria incluida, con su puesta en escena de verbena de pueblo del siglo XXI. O el barroquismo sonoro de la cubana La Dame Blanche, que sale a escena altiva y divertida, fumando un puro y mezclando rumba, salsa, reggae o hip hop.

El festival Sinsal, que hace de la sostenibilidad su bandera, con un extremo cuidado por la limpieza y el reciclaje, se ha sumado este año además a la causa de la igualdad de género con un cartel paritario: el mismo número de bandas lideradas por hombres que por mujeres.

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