El espía iraquí que se infiltró en el ISIS y desbarató más de 30 atentados

Tarmiya es un lugar en el que se suelen producir atentados.

Durante varios años Estado Islámico controló un vasto territorio en Irak y Siria, sin embargo en los últimos meses el grupo ha quedado reducido a la mínima expresión, sin ninguna ciudad importante bajo su dominio. Uno de los responsables de ese éxito fue Harith al Sudani, un espía iraquí, miembro de los Halcones, una unidad de los servicios de Inteligencia del país, que fue capaz de infiltrarse en la organización y desbaratar decenas de atentados. Su historia la cuenta el New York Times.

Los comienzos de este hombre son mucho más humildes. No le gustaba estudiar, pero las presiones de su padre hicieron que aprendiese inglés y ruso y consiguiese un trabajo supervisando los sistemas de vigilancia de la infraestructura petrolera iraquí. También se casó. Una vida ordenada y que al mismo tiempo le desanimaba, tal y como recuerdan sus familiares. Pero todo cambió en 2006 cuando se crearon los Halcones, una unidad militar de élite compuesta por 16 hombres.

El hermano de Harith fue uno de los primeros reclutas y le animó a postularse para un puesto, ya que los idiomas y sus habilidades técnicas le daban opciones de lograrlo. Finalmente en 2013 se le ofreció un trabajo en el que controlaba el tráfico web y las llamadas telefónicas de los sospechosos de terrorismo. El cambio fue espectacular y por fin se le veía motivado con su vida.

En el año 2014 un nuevo grupo insurgente se apoderó de grandes zonas de territorio y los Halcones pusieron en marcha una misión en la que sus agentes debían penetrar en Estado Islámico con agentes encubiertos. Harith se ofreció voluntario y para eso se estudió concienzudamente el Corán y aprendió los cánticos que usaban para orar y matar.

Su ingreso fue un éxito y tras una reunión en una mezquita de Tarmiya le dieron la bienvenida al grupo. En los primeros días le entrenaron en religión y en uso de explosivos y poco después le dieron un puesto importante en la cadena logística de las misiones suicidas en Bagdad.

Desde ese momento se dedicó a reunirse con atacantes suicidas y a recoger vehículos cargados con explosivos. Unas tareas que informaba puntualmente a los Halcones, que se encargaban de interceptarlo antes de que llegara a la capital.

Seguían a Harith con un coche que llevaba un equipo de interferencia que bloqueaba la señal del detonador de los explosivos, así se aseguraban que nadie los detonaba a distancia matando al conductor. Le dirigían a un punto concertado en el que desactivaban la bomba en cuestión y después emitían un comunicado oficial en el que hablaban de una gran explosión, con el objetivo de seguir protegiendo a su agente y que el Estado Islámico pensase que las misiones seguían siendo un éxito. Así frustraron 30 coches bomba y 18 ataques suicidas. Pero las cosas se empezaron a complicar.

Sus prolongadas ausencias del hogar le acarrearon problemas en casa y en una de las misiones cometió un gran error. Debía explorar barrios y cafés de Bagdad en busca de blancos para potenciales ataques y aprovechando que estaba en la ciudad se escapó para visitar a su familia. Mientras estaba en su hogar, el Estado Islámico le llamó exigiendo saber dónde estaba y él dijo que en el vecindario que habían hablado. Sin embargo, el interlocutor, usando las coordenadas del GPS, le pilló mintiendo. Quizás habría sido un buen momento para dejarlo, pero Harith no quiso.

El 31 de diciembre de 2016 fue elegido por el Daesh para participar en un ataque espectacular coordinado en distintos lugares del mundo. Como de costumbre el espía llamó a los agentes para discutir dónde le iban a interceptar, pero en cuanto se desvió de la carretera el grupo le llamó pidiéndole su ubicación. Ante las evidencias de que estaba mintiendo se inventó que se debía haber equivocado de camino.

La misión terminó siendo un éxito para los Halcones. Desmantelaron los explosivos y Harith pudo dejar el camión en el punto acordado. Pocas horas después salió el comunicado de que un camión había explotado, aunque no había causado víctimas.

Pero lo que no sabían entonces era que el Estado Islámico había plantado micrófonos en el camión y habían podido escuchar todas las conversaciones de Harith con sus superiores.

A principios de 2017 el Daesh le convocó para otra misión en un lugar remoto. Pese a que su familia le pidió que no fuera, él decidió que tenía que asistir. Nunca volvió. Los Halcones tardaron tres días en poder planificar una operación de rescate a la granja de Tarmiya en la que se había producido la reunión. Al ser un bastión del grupo, la tarea era complicada. No había rastro de Harith.

Pocos meses después el grupo mostró varias ejecuciones y entre ellos estaba el espía. Sin embargo, a día de hoy todavía no se ha encontrado el cuerpo. La que sí se conoce ya es su historia; por la valentía, el arrojo y la determinación que mostró para intentar hacer de su país un sitio menos violento y más pacífico.

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