El puerto internacional de Aktau se revitaliza gracias a las nuevas rutas del comercio chino

Empleados del puerto kazajo de Aktau, a orillas del mar Caspio, el 15 de agosto de 2018.

Con sus grúas inmóviles envueltas en la bruma y sus muelles casi desiertos, el puerto kazajo de Aktau, en el mar Caspio, parece dormido. En declive, sueña con un renacer gracias a las “nuevas rutas” del comercio chino.

El puerto se vio duramente golpeado por la competencia de oleoductos nuevos o renovados entre Rusia y Kazajistán -especialmente desde finales de los años 2000- y más rentables, pero también entre China y el oeste de Kazajistán. Si más de 14 millones de toneladas de crudo transitaban cada año a través del puerto de Aktau hasta mediados de los años 2000, el tráfico ha disminuido notablemente desde entonces.

“Era un viejo puerto en un estado lamentable, con un equipamiento antiguo”, explica Oraz Koptleuov, natural de Turkmenistán y maquinista en este puerto desde 1995. Ahora, empiezan a desplegarse las nuevas tecnologías “pero no hay suficiente trabajo”.

En la actualidad, trabajan allí unas 500 personas, frente a las 700 de hace unos años. Una muestra más de las dificultades que atraviesa Kazajistán, un país rico en hidrocarburos pero muy lastrado por la caída de los precios del petróleo en 2014.

Esta exrepública soviética de Asia central de 18 millones de habitantes y que cuadriplica en tamaño a Francia, pretende reducir su dependencia de las materias primas desarrollando el tránsito comercial.

Su intención es sacar partido del vasto proyecto chino de las “Nuevas rutas de la seda”, estimado en más de 1 billón de dólares y que prevé la construcción de carreteras, vías de tren y marítimas por todo el mundo para facilitar los intercambios con el gigante asiático.

En cinco años, en el marco de esta iniciativa, lanzada en 2013, China ha invertido más de 70.000 millones de dólares directos en varios países, según el ministerio chino de Comercio, y el valor contractual de los nuevos proyectos firmados por empresas chinas con esos países asciende a más de 500.000 millones de dólares.

CONVENCER A LOS INVERSORES

Juntos, Kazajistán y China invirtieron en una cincuentena de instalaciones de producción industrial, según Pekín. Solo en 2016, China inyectó directamente 487,7 millones de dólares en Kazajistán, según la misma fuente.

Abai Turikpenbayev, presidente de la empresa “Puerto internacional de Aktau”, está convencido de que Aktau puede convertirse en un importante nudo comercial, ofreciendo una alternativa a la ruta del norte, más conocida, que conecta Europa a través de Kazajistán y Rusia.

Cruzar el Caspio pasando por Aktau permite suministrar las mercancías procedentes de Chengdu, en China, hacia Estambul en unos veinte días de tren.

Esa ruta es más larga que del norte, por la que los trenes llegan a Viena en dos semanas, y más cara que la vía marítima, que toma algo más de un mes y representa cerca del 90% de los intercambios comerciales Este-Oeste, pero ofrece a los exportadores el acceso a mercados diferentes en Turquía, el Cáucaso e Irán.

Según Turikpenbayev, el hecho de que el gigante de la logística DP World, con sede en Dubái, se haya implicado en las operaciones del puerto con “sus especialistas y su marca” reconocida juega a su favor para ganarse a los chinos.

Sin embargo, de momento, en Aktau hay pocos indicios del interés de Pekín por su puerto, situado a 2.300 km de la frontera con China.

El puerto de Aktau espera recibir este año 1.500 contenedores de China, el doble que en 2017, según Turikpenbayev. Pero esto solo representaría el 3% del volumen de negocio anual del puerto, admitió.

COMPETENCIA

Pero Aktau no es el único puerto del Caspio ávido de ganarse el favor de los chinos. Además de los otros puertos situados dentro del país, como el de Kuryk, inaugurado en agosto, los vecinos Turkmenistán y Azerbayán también han realizado importantes inversiones en puertos del Caspio.

Según Adil Kaukenov, director del Centro de estudios chinos “China Centre” de Almatý, hay suficientes mercancías chinas para todos los puertos del Caspio, pero Aktau tendrá que hacer los deberes para convencer a los empresarios chinos de invertir en nuevos itinerarios.

“No debemos esperar que los milagros se produzcan de la noche a la mañana”, recalcó. “Las nuevas rutas deben demostrar su eficacia”.

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