Gema Zarazaga, guía del museo: “Chipiona es importante por la uva Moscatel y por la Palomino de Jerez”

Gema Zarazaga, guía del museo del Moscatel, en Chipiona.

Chipiona y la casta Moscatel se identifican. Desde 1922, en que el sacerdote Francisco Lara y Araujo, arcipreste y párroco de Chipiona, promueve un sindicato que luego se convertiría, en 1944, en Cooperativa-Católico Agrícola han pasado muchas cosas y en 2022 prepararán un sonado centenario. En nuestros días esta cooperativa reúne a 150 viticultores dentro de la DO Marco Jerez. Incluso se creó el Museo del Moscatel para recoger todo lo vinculado a la tradición artesana y de calidad en la elaboración de vinos.

En tiempos del emperador Tiberio, en el siglo I, los romanos apreciaban estos vinos.  La Caepia romana –así denominada Chipiona- conoció una floreciente industria del vino y de la alfarería que producía ánforas para el transporte de estos caldos. Desde un almacén en la lonja romana de Coepia se embarcaban ánforas vinarias y de salazones que se dirigían a la Roma Imperial.

Los Reyes Católicos, en 1477, acudieron al Monasterio de Regla, a pie de playa, donde se había firmado la Carta Puebla de Regla de Santa María, refundándose Chipiona como colonia vitivinícola.

Chipiona, a principios del siglo XIX, se convierte en el municipio con mayor densidad de viñedos  y bodegas de todos los conocidos.  Aparecen las grandes bodegas y Chipiona se transforma en la cuarta potencia de la vinatería española.

MUSEO

La visita al Museo del Moscatel es muy completa. Para conocer la cultura del Moscatel, se presenta al visitante una zona exterior con viñas de las dos castas Palomino (vino seco) y Moscatel (vino dulce), junto a ella la choza, propiedad de los mayetos viñistas y que alquilaban a jornaleros (desde el siglo XVI), con todos los utensilios de la vivienda y a la que se adosaba una bodega de paja en la zona umbría del almijar, donde se guardaban el mosto sin vender y, con suerte, algo de moscatel.

La ruta enoturística por la bodega descubre cómo se cría en las barricas o ‘botas’ el fino y el Moscatel así como, en otra nave, el vinagre de jerez.

En el museo de la ciencia del vino se pueden ver todo tipo de utensilios de viticultura.

La degustación de los vinos conduce al visitante a realizar, si lo desea, una compra de vino más acertada según el gusto del comprador.

Gema Zarazaga, guía del museo, explica que “Chipiona es importante por el Moscatel y por la uva Palomino de Jerez, ambas en la DO Marco de Jerez”. Mientras que la manzanilla –que también embotellan, bajo la marca Salmedina- “se da en exclusiva en Sanlúcar de Barrameda, donde el agua del Guadalquivir le da un toque salino”. Incluso, elaboran un vino blanco, ‘La Caeta’, afrutado, con un 70% de Palomino y un 30% de Moscatel).

La Cooperativa Católico Agrícola exporta al extranjero sus vinos llegando hasta Filipinas.

Chipiona, además del vino, ofrece a sus visitantes su excelente localización y climatología en la Costa de la Luz, con sus playas, su ambiente familiar, sus platos de mar, su ocio, su alegría, su patrimonio natural y su cultura.

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