¿Compensa comprar marcas blancas?

Un cliente observa las estanterías de un supermercado.

La gran mayoría de consumidores sabe que por norma general es muy raro ganar a los productos genéricos en lo que a calidad-precio respecta. Pagar más por productos casi idénticos resulta absurdo y poco racional. Con el paso de los años, los consumidores se han ‘formado en compras domésticas’ y es difícil convencerles con promesas publicitarias ridículas.

Se aplica a todo tipo de productos, desde fármacos hasta comida. Por ser genérico no significa que sea menos efectivo, nutritivo o sabroso. Gracias a los alimentos de marca blanca podemos ahorrar 3.000 euros al año en el carro de la compra.

No obstante, hay algunas excepciones. Existen algunos alimentos de marca blanca que deberías intentar evitar. Según los expertos en nutrición, hay casos donde sí se nota demasiado la diferencia de calidad.

Un ejemplo claro son los huevos. Supone un mercado donde las condiciones de vida e higiénicas de las gallinas, y la calidad del pienso con que se las alimenta, aumentan o disminuyen rápido el precio final de la docena.

El café es uno de los productos más dañinos. Se debe principalmente a la mezcla con café torrefacto que se utiliza en su elaboración. Algunos estudios y recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud hacen referencia a la posible presencia de sustancias cancerígenas, similares a las de la carne excesivamente quemada. Aunque no existe ninguna conclusión definitiva, la recomendación es que, si se compra este producto de marca blanca, lo mejor es que sea orgánico.

La salsa de tomate ejemplifica como un producto natural puede venderse lleno de aditivos que no necesitaría si fuera de calidad. Las salsas de marca blanca suelen tener excesivos azúcares y sodio añadido. La sensación de artificialidad cuando se consume es muy alta.

Cuanto mejores tipos de materias primas se utilicen y mayor proporción de cacao tenga, mejor será el producto final. Para reducir el precio, las marcas blancas usan grasas de muy baja calidad en su elaboración. Es mejor evitarlas si no queremos nuestra venas y caderas saturadas de lípidos perjudiciales.

Vemos como hay algunos productos ‘blancos’ que no merecen la pena. Es lógico que queramos reducir nuestras facturas, pero no deberíamos hacerlo jamás a base de comprar productos baratos de calidad muy baja. Puede que ahorres unos euros en el bolsillo, pero lo vas a pagar con la salud.

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