Ikea o la historia de la lámpara que sirve para transmitir distintos mensajes de empresa

Imagen del spot

IKEA ha cosechado varios éxitos publicitarios a lo largo de su historia, pero sin duda el mayor de ellos fue su anuncio “Lamp”. Publicado en 2002, aquel vídeo tuvo una excelente acogida por parte del público y de la crítica y obtuvo varios premios publicitarios.

Dieciséis años después, el gigante sueco ha decidido lanzar la segunda parte de su vídeo más célebre y ofrecernos un desenlace para la historia. Sin embargo, aunque la estética sea exactamente la misma, el mensaje que nos transmite es otro totalmente diferente.

El vídeo original tenía como protagonista a una lámpara de sobremesa. Imitando la estética y el tono de los vídeos de abandonos de mascotas, veíamos cómo una mujer se deshacía de la lámpara, la dejaba junto a un contenedor de basura y la sustituía por una nueva.

El hecho de que la vieja lámpara fuera tipo flexo y pareciera que estaba cabizbaja bajo la lluvia, unido a la música triste de fondo, hacía inevitable humanizarla y sentir un poco de lástima por ella. Era entonces cuando aparecía en escena un señor a darnos una bofetada de realidad: “muchos de vosotros os sentís mal por esta lámpara”, decía. “Eso es porque estáis locos. ¡No tiene sentimientos! Y la nueva es mucho mejor”.

En la segunda parte que acaba de salir, la historia continúa justo donde quedó con la entrada en escena de una niña que se encuentra con la lámpara abandonada y se la lleva a su casa, dándole una nueva vida, como si de un perrito se tratara. En esta segunda oportunidad, la lámpara, con un sencillo cambio de bombilla, servirá para iluminar muchos momentos especiales de la vida de la niña.

Es entonces cuando vuelve a aparecer el señor del anuncio original: mismo actor, misma ropa, pero distintas palabras: “muchos de vosotros os alegráis por esta lámpara. Eso no es de locos. Reutilizar las cosas es mucho mejor”. Este nuevo mensaje es un reflejo de la evolución de los valores de la empresa, que ha empezado a introducir el valor de la sostenibilidad en su imagen de marca. Un mensaje muy positivo y, reconozcámoslo, un final que en el fondo nos alivia a todos los que empatizamos con la pobre lámpara.

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