El Papa advierte en la digital Estonia de los riesgos de basarse solo en la tecnología

La presidenta estonia, Kersti Kaljulaid (i), y el papa Francisco, durante la ceremonia de bienvenida celebrada a su llegada al aeropuerto de Tallin (Estonia), hoy, 25 de septiembre de 2018. Estonia es la última escala de su visita de cuatro días a los países Bálticos.

El papa Francisco advirtió hoy a su llegada a Estonia, uno de los países más digitalizados del mundo, del riesgo de “poner toda la confianza en el progreso tecnológico”, en el discurso que pronunció ante las autoridades del país.

Francisco llegó hoy a Estonia, en el último día de su recorrido por los países Bálticos, y tras una reunión privada con la presidenta, Kersti Kaljulaid, pronunció su discurso ante las autoridades en el Jardín de las Rosas del palacio presidencial.

“Poner toda la confianza en el progreso tecnológico como única vía posible de desarrollo puede provocar que se pierda la capacidad de crear vínculos interpersonales, intergeneracionales e interculturales”, advirtió el papa.

Estonia está considerado uno de los países más tecnológicos del mundo, con el mayor número de “star-up” (empresas emergentes en el ámbito de la innovación y nuevas tecnologías) por persona, la programación como materia escolar, la banda ancha más rápida de Europa y con todos los servicios públicos en internet.

Incluso Kaljulaid regaló al papa la llamada “E-residency key”, un de carné digital de residencia que ofrece el país para, entre otras cosas, incrementar las empresas emergentes.

Pero Francisco resaltó la importancia en un país “del tejido vital para sentirnos parte los unos de los otros y partícipes de un proyecto común en el sentido más amplio de la palabra”.

“De ahí que una de las responsabilidades más importantes que tenemos todos aquellos que asumimos una responsabilidad social, política, educativa y religiosa radica precisamente en cómo nos convertimos en artesanos de vínculos”, agregó.

Subrayó que “el bienestar y el vivir bien no siempre son sinónimos” y que algunos de los defectos de “nuestras sociedades tecnocráticas” son “la pérdida del sentido de la vida, de la alegría de vivir y, por tanto, un apagarse lento y silencioso de la capacidad de asombro”.

“Lo cual sumerge muchas veces a los ciudadanos en un cansancio existencial”, lamentó.

Francisco llegó hoy a esta república exsoviética considerada por algunos el país menos religioso del mundo, con el 75 % de su población (1,3 millones de personas) que no cree en ninguna religión y donde los católicos representan un 0,5 %, unas 6.000 personas.

Recordó que Estonia, “debió soportar en diversos períodos de la historia momentos duros de sufrimientos y tribulaciones. Luchas por la libertad y la independencia que siempre se veían cuestionadas o amenazadas”.

Y valoró que en estos poco más de 25 años, tras la disolución de la Unión Soviética, “Estonia ha dado pasos de gigante y vuestro país, aun siendo pequeño, se encuentra en primera línea en el índice de desarrollo humano, en su capacidad de innovación, además de demostrar un alto nivel en lo relativo a la libertad de prensa, democracia y libertad política”.

El pontífice que ha visitado también Lituania y Letonia volvió a recordar la historia “de hombres y mujeres que lucharon para que esta libertad fuera posible” e instó a “rendirles homenaje abriendo caminos para los que vendrán después”.

Francisco volvió hoy al igual que ayer en Letonia a hablar de la necesidad de integración al instar a “crear una red vital que sea capaz de hacer que los miembros de sus comunidades se sientan en casa” pues “no existe peor alienación que experimentar que no se tienen raíces, que no se pertenece a nadie”.

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