El cineasta Scorsese, uno de los Premios Princesa de Asturias, confesó que recibía el galardón con “humildad y sobrecogimiento”

Doña Letizia y director Martin Scorsese visitando el ‘Ring’ (montaje de la película Toro Salvaje). © Casa S.M. el Rey

La 38 edición de los Premios Princesa de Asturias pasará a la historia porque recuperó, en buena medida, el guion que caracteriza a esta ceremonia después del sobresalto que supuso la del año pasado a cuenta del desafío independentista en Cataluña.

Esta vez no hubo discursos cargados de épica europeísta como el que pronunció el presidente de Parlamento Europeo, Antonio Tajani, ni Felipe VI mencionó la palabra Cataluña para denunciar el “inaceptable intento de secesión”.

El acto del Teatro Campoamor volvió a un ritmo más ceremonial, aunque no exenta de la solemnidad y la admiración que acompañan a los galardonados, esta vez encabezados por el renombrado cineasta estadounidense Martin Scorsese.

Del extenso discurso de Felipe VI, solo los tres últimos párrafos contuvieron una carga ‘política’, centrada en reivindicar lo que ha representado la Constitución ahora que se aproxima su 40 aniversario.

“Porque democracia y libertad es lo que representa y significa para España, para el pueblo español, nuestra Constitución”, fue el remate de la alocución del jefe del Estado ante la fuerte ovación de los alrededor de 1.300 invitados, entre ellos, miembros de todos los poderes del Estado.

A la espera de que un día ceda su puesto en la gala de los premios a su hija Leonor, el Rey quiso destacar el recuerdo que para siempre dejará en la heredera al trono su primera visita oficial a Asturias el pasado 8 de septiembre, que “siempre llevará grabado en el corazón”.

No dio pistas de cuándo tendrá lugar el relevo, pero Felipe VI dejó una frase para expresar su cariño a la tierra que apadrina los premios: “Gracias, Asturias. Sinceramente, gracias”.

En el atril, le precedieron cuatro de los galardonados, tres de ellos estadounidenses -Scorsese, la oceanógrafa Sylvia Earle (Concordia) y el filósofo Michael Sandel (Ciencias Sociales)- y la periodista mexicana Alma Guillermoprieto (Comunicación y Humanidades).

Acostumbrado al éxito de Hollywood, Scorsese confesó que recibía el galardón con “humildad y sobrecogimiento” y agradecido por “pisar la tierra que dio a Cervantes, a Goya, a Picasso y a Buñuel”.

Fue una intervención centrada en su preocupación por el futuro del cine bajo la atenta mirada de la reina Letizia, una de sus admiradoras, como evidenció en el homenaje que se le brindó ayer, jueves, en Oviedo.

También destacó el discurso de Earle, con su alegato a favor de la protección del entorno marino, “el motor del clima”. “Si el océano tiene problemas, nosotros también”, advirtió la científica.

Tras la emocionante “haka” que danzaron los jugadores neozelandeses de rugby de los “All Blacks” el pasado año, esta vez los galardonados fueron más sobrios en el escenario a la hora de recoger los diplomas.

Quizá los más entusiastas fueron los alpinistas Krzysztof Welicki y Reinhol Messner, éste sin corbata, que recibieron el aplauso del público cogidos de los hombros, como si estuvieran encordados para subir una cima.

El palmarés lo completan la ONG Amref Helth Africa (Cooperación Internacional), el biólogo sueco Svante Pääbo (Investigación Científica y Técnica) y la francesa Fred Vargas, la única que se ausentó de la gala por problemas de salud.

La ceremonia dejó fotos curiosas, como la charla entre sonrisas de los líderes del PP, Pablo Casado, y de Ciudadanos, Albert Rivera, sentados en la misma fila del teatro, pero separados por el pasillo.

La reina Sofía también tuvo su ración de aplausos al llegar al palco que ocupa desde que dejó la mesa presidencial con el relevo en la Corona.

Con la excepción de la lluvia, que respetó la llegada y salida de invitados, la normalidad también imperó en el exterior del Campoamor, con las protestas habituales que vertieron abucheos a las autoridades, compensados por los aplausos desde el sector de los no manifestantes.

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