El turismo, ante un proceso de transformación tras el frenazo sufrido en 2018

Playa América en Nigrán (Pontevedra) el pasado mes de agosto.

El turismo se ha frenado en España tras los récords del año pasado, lo que hace necesaria su transformación hacia un modelo de crecimiento sostenible basado en mayores ingresos y no en una mayor afluencia de turistas.

Desde el Gobierno, se estima que 2018 concluirá con la visita de 81,2 millones de turistas extranjeros, un 0,8 % menos frente a los 81,9 millones registrados al cierre del ejercicio pasado.

El informe trimestral de Coyuntur, presentado esta última semana por la ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, apunta a que, en el cuarto trimestre, llegarán a España 15,3 millones de turistas, un 2,2 % menos que en el mismo periodo de 2017.

También la alianza para la excelencia turística, Exceltur, confirma dicha desaceleración y ha revisado a la baja su estimación de crecimiento del PIB Turístico para el conjunto del año desde un 2,6 % (en julio) hasta un 2 %.

La razón fundamental de la ralentización en el crecimiento del sector es la intensidad con la que se recuperan los volúmenes de turistas procedentes de los principales mercados emisores europeos de España en los países competidores del Mediterráneo Oriental.

Exceltur apunta además a otros factores como los efectos negativos sobre el turismo en Cataluña derivados de la inestabilidad política; el peor comportamiento de las economías europeas, incluida la española, o el repunte del precio del petróleo por encima de lo esperado.

Si bien en cifras absolutas, Turquía y Egipto habrían recuperado en su conjunto casi la totalidad de los flujos que recibían antes de sus brotes de inestabilidad en los mercados emisores clave para España (Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, Holanda y los países nórdicos) “todavía tienen aún margen de recuperación”.

De hecho, en Turquía, la recuperación de sus niveles en 2018 se debe al fuerte aumento de Rusia y países de su entorno, mientras que, en los mercados europeos emisores de turistas más relevantes para España, todavía se encuentran un 28 % por debajo de los niveles previos a la crisis.

El Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC, por sus siglas en inglés) anticipó ya a finales de 2016 una ralentización del ritmo de crecimiento de la llegada de turistas a España a partir de 2018, año en el que se esperaba la recuperación de destinos rivales mediterráneos.

Asimismo, sugirió que, para aumentar el volumen del gasto turístico, una de las opciones es abrirse a nuevos mercados asiáticos, y claramente a China, y poner más foco en EE.UU..

Precisamente, a pesar del descenso en la llegada de turistas, su gasto se ha incrementado, a lo que ha contribuido el aumento de los mercados de larga distancia con EE.UU. y Latinoamérica a la cabeza, además de un repunte del número de viajes de negocios.

Las previsiones para 2018 adelantadas por el Gobierno reflejan que el año se cerrará con 89.440 millones de euros desembolsados por los turistas internacionales, lo que supone un 2,8 % más que en 2017.

Para Exceltur, el buscar clientes de larga distancia que generen unos mayores ingresos es una asignatura importante, pero “sin caer en mitos donde los chinos nos van a resolver el mundo”, ha advertido su vicepresidente ejecutivo, José Luis Zoreda.

En su opinión, “los chinos no van a venir a poner la toallita en Benidorm ni en Palma de Mallorca y, por lo tanto, hay mucho mito en cuanto a esa esperanza de que los mercados de Lejano Oriente nos van a cambiar el panorama”.

Por la proximidad cultural y emocional, a corto plazo, el invertir en mejorar la capacidad de atracción del cliente americano, sobre todo ahora que el dólar está favorable, en algunos casos y segmentos, “quizá es más importante que seguir pensando que Asia nos va a resolver la vida”.

Aunque, los empresarios turísticos españoles -de los que muchos están triunfando por el mundo- están preparados para el cambio, en el sector turístico hay una conjunción de intereses, una cadena de valor muy heterogénea y una situación de activos urbanísticos que hace necesario diseñar “una estrategia país, en donde las administraciones públicas son las únicas que pueden catalizar y vertebrar estos movimientos por un cambio y por una transformación”, ha agregado.

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