El lobo ibérico, víctima también de los censos

Ejemplar de lobo ibérico criado en semilibertad en el centro lobo ibérico de Castilla y León.

¿Víctima o verdugo? La eterna duda que se cierne sobre el mamífero más emblemático y controvertido de la Península Ibérica busca respuestas en un nuevo censo que impulsan científicos y conservacionistas para demostrar que “no hay tantos lobos como se dice”.

El lobo ibérico, al que tradiciones ancestrales han marcado como “el malo de la película”, tiene ahora ante sí “un nuevo horizonte”, que demostrará que el censo oficial “está inflado en un 60 por ciento”, afirma Máximo Muñoz, portavoz de la Asociación de Estudios del Sistema Central (Asesice).

Asesice colabora con el investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) Fernando Palacios para la elaboración de este nuevo muestreo de lobos, que comenzó en 2016 y se prolongará durante cuatro años para desacreditar los datos avalados por la Junta de Castilla y León.

Por ejemplo, en la provincia de Ávila “los técnicos de la Junta aseguran que hay un centenar de lobos, pero nosotros hemos contabilizado entre 30 y 35 ejemplares”, asegura Máximo Muñoz.

“Y este censo inflado justifica actuaciones extraordinarias que ellos llaman controles letales ocasionales y que en realidad se traducen en que la Junta mata a un lobo al azar cuando el ganadero se queja y así le mantiene callado”, denuncia el portavoz de Asesice.

Esta circunstancia es, además, muy perjudicial para los propios ganaderos, ya que si el lobo abatido es el macho alfa, el grupo familiar se desestructura y empieza a matar por su cuenta, “haciendo mucho más daño”.

El nuevo censo impulsado por Palacios irá acompañado de un análisis genético de las muestras encontradas, que determine con mayor exactitud el estado de las poblaciones, sus desplazamientos y la forma en la que los grupos se estructuran.

Se trata, explica el portavoz de Asesice, de dar esperanza a las poblaciones de lobo ibérico al sur del Duero, “donde era prácticamente inexistente hace una década y donde ahora, una vez recolonizado su territorio, está estrictamente protegido”.

Además, Máximo Muñoz asegura que una buena parte del ganado susceptible de ataques de lobo en esta zona pasta sin vigilancia porque los ganaderos “lo tienen solo por cobrar la subvención”.

La ganadería aporta “una cantidad insignificante” al PIB y, sin embargo, “está muy soportada y financiada”, lo que empuja a muchos “supuestos ganaderos” a comprar ganado y dejarlo suelto en el campo.

“Si trabajas bien, vigilas el ganado y tienes perros, el lobo no te hace daño”, subraya, pero “si el ganadero lo tiene cómodamente suelto en pastos comunales sólo para recibir las subvenciones, al lobo le es muy fácil conseguir terneros, muchas veces de vacas no autóctonas que ni siquiera saben defenderse”.

Por eso, la Asociación de Estudios del Sistema Central está promoviendo un sello que certifique la carne de ternera avileña procedente de explotaciones ganaderas que coexisten con el lobo, como “una marca de calidad” que de momento apoyan una de cada diez ganaderías de la provincia, donde se implantará el proyecto piloto una vez cuenten con el visto bueno de la Denominación de Origen.

“Pensamos que otra forma de gestión es posible y por eso queremos apoyar a los ganaderos que eligen vivir en biodiversidad, que comercializan carne de raza autóctona que ha evolucionado junto al lobo y al resto de especies, que procede de una explotación respetuosa”, explica Máximo Muñoz.

Recuerda que la cabaña ganadera en Ávila está compuesta por medio millón de cabezas de ganado, “cinco por cada abulense”, y los ataques de lobo no superan los 15 o 20, “lo que significa que el daño al ganado prácticamente no existe”.

En su opinión, “no sirve de nada matar lobos, porque siempre están, no hay animal más perseguido a lo largo de los tiempos y aquí sigue, con mejor salud que nunca, porque si la naturaleza ha decidido que todavía no se extinga, no lo hará”.

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