¿Se puede cultivar la carne?

Un hombre prepara un asado de carne.

Llevamos siglos y siglos cultivando. Patatas, sandías, berenjenas, fresas o lechugas. También somos expertos ganaderos y criamos vacas, gallinas u ovejas desde hace miles de años. Pero nunca habíamos ‘cultivado carne’. Básicamente porque era un concepto erróneo. Con alguna excepción muy puntual como la de ‘cultivar percebes’, el verbo ‘cultivar’ quedaba limitado a los vegetales. Eso hasta que la ciencia ha dado un paso más y ya ha convertido en realidad algo increíble hace no muchos años: ‘cultivar’ carne en un laboratorio.

La ciencia ficción toma el presente y nos permite vivir en un Blade Runner alimentario. Pero ¿qué implica aplicar los nuevos conocimientos para la generación de comida?

Por un lado, la carne se puede cultivar sin matar ni siquiera dañar el animal de la que proviene. Un trozo de pollo, por ejemplo, se puede crear a partir de las células de una sola pluma de gallina. En dos días estas células se multiplican dentro de un biorreactor con el apoyo de una proteína estimuladora, un medio de cultivo para alimentar la carne en desarrollo y un soporte estructural para darle forma al producto final. No deberíamos asustarnos ya que no está realmente modificado genéticamente ni necesita antibióticos para crecer. Es más, está completamente libre de muchas enfermedades animales que plagan la producción tradicional de carne. ¿Y su sabor? Pues, aparentemente a pollo, como se supone que debería saber.

Respecto a los beneficios que puede tener, la cría de animales para producir carnes es un contribuiría a reducir el cambio climático: no habría que alimentar animales, con la generación de residuos y contaminación que se evitaría producir. También se reduciría la necesidad de trasladar de un lugar a otro los animales con el ahorro energético que eso conlleva. Con el crecimiento exponencial de la población, al ritmo de demanda y consumo que llevamos, no seremos capaz de criar suficientes animales para alimentarnos en el año 2050. Esta carne ‘limpia’ producida en laboratorio podría mitigar muchos problemas una vez que se desarrolle más la industria.

Pero, por otro lado, no todo es tan bonito y la gente todavía tiene inquietudes. La carne debería también estar sujeta a regulación y supondrá un gran debate cómo se debería etiquetar por motivos de transparencia. No faltan tampoco los que la denominan “comida Frankenstein” y se niegan a llamarla carne. La artificiosidad está reñida por el gusto por lo tradicional y casero que suele abundar en las sociedades.

Es posible que haya gente que se niegue en rotundo a consumir esta pseudocarne durante toda su vida. U otros reticentes que con el tiempo se acostumbren y la consideren parte del progreso. Sea como sea, para ello primero deberá ser económicamente accesible. El creador de la primera hamburguesa hecha en laboratorio, el científico holandés Mark Post, admite que, incluso produciéndolas en masa, su producción costaría un mínimo de 10 dólares por cada unidad de filete de hamburguesa.

Aun así, la empresa JUST sostiene que su pollo de incubadora podrá encontrarse en los restaurantes de Asia y Estados Unidos antes de fin de año. En España, la startup biotecnológica Biotech Foods prevé el lanzamiento de sus primeros productos en 2021.

Podemos estar a las puertas de una revolución alimentaria. Pero el desafío es colosal y es probable que estos pioneros encuentren muchas dificultades para arrancar.

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