La creciente influencia de China amenaza el antiguo orden

La economía de US$12 billones del país asiático es la segunda más grande del mundo y la mayor si se ajustan los precios a la paridad del poder adquisitivo; es la nación comercial más grande; está invirtiendo miles de millones en una “nueva Ruta de la Seda”; ahora es la tercera con más derechos de voto en el FMI y ha creado su propia entidad prestamista multilateral de desarrollo, el Asian Infrastructure Investment Bank (AIIB).

Esto constituye un cambio radical respecto a 2015 –cuando la administración china de los organismos mundiales se limitaba a la Red Internacional para el Bambú y el Ratán–, que dará forma a la gobernanza económica durante décadas. La gran pregunta: ¿se someterá China a los valores defendidos por las actuales instituciones democráticas liberales conducidas por Occidente o terminará remodelándolas?

Los optimistas dicen que China ofrece una fuente vital de financiamiento para los Gobiernos desesperados por construir infraestructura y hacer crecer sus economías. Señalan la aceptación de las mejores prácticas por parte de Pekín, simbolizada por el “intachable” AIIB, y observan fallas en el modelo occidental que posibilitaron la expansión de la influencia de China.

Ganar amigos

Por ejemplo, la inversión en infraestructura. Solo en Asia se necesita una infraestructura de US$26 billones para 2030, según el Banco Asiático de Desarrollo (ADB, por sus siglas en inglés). Eso le da a China una oportunidad perfecta para hacer amigos, dijo Curtis S. Chin, exembajador de EE.UU. ante el ADB en las presidencias de George W. Bush y Barack Obama y Asia Fellow inaugural del Milken Institute.

“Las instituciones y acuerdos multilaterales estarán condenados a perder relevancia a menos que incluyan a China y otros grandes mercados emergentes”, dijo David Loevinger, un exespecialista en China del Tesoro de EE.UU., que actualmente es analista de la firma gestora de fondos TCW Group Inc. en Los Ángeles.

Los críticos dicen que las instituciones como el AIIB no son más que escaparates para la telaraña china de canales de préstamos sin transparencia, que en la práctica constituyen un brazo del Partido Comunista y que dejan a la mayoría de los países más pobres cargados de deudas.

Advierten especialmente sobre la Iniciativa Belt and Road, un proyecto destinado a construir cientos de miles de millones en infraestructura en todo el mundo e incluso consagrado en la constitución, una vívida ilustración del interés del presidente Xi Jinping en el proyecto.

Ante tales críticas, China ha afirmado ser una defensora del sistema mundial existente basado en reglas y orden, especialmente la Organización Mundial de Comercio. Esos argumentos merecen un examen detallado, según el experto en gobernabilidad global.Tamar Gutner, de la American University en Washington DC.

Sin embargo, la influencia de China sigue aumentando, y la visión de Donald Trump en el marco de su lema “EE.UU. primero” de alguna manera ayuda a ese proceso. En septiembre, Xi recibió a los líderes africanos en Pekín y prometió más de US$60.000 millones en financiamiento. Casi al mismo tiempo, Trump dijo que no asistiría a dos grandes cumbres en Asia en noviembre, lo que acentuó la inquietud sobre el compromiso de EE.UU. con la región.

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