Trump expulsa a Sessions

Mueller podría seguirle

Robert Mueller.

Al sacar de la Casa Blanca al fiscal general Jeff Sessions, el presidente Donald Trump hizo que el Departamento de Justicia quede más supeditado a él y dejó al fiscal especial Robert Mueller y su investigación sobre una posible conspiración entre la campaña presidencial de Trump en 2016 y Rusia más firmemente en la mira de Trump.

La noticia de la destitución de Sessions, como ocurre con estas cosas en la versión barata de “Juego de tronos” de Washington, se conoció a través de la cuenta de Twitter del presidente:

La partida de Sessions se veía venir hace tiempo. Trump ha desacreditado abiertamente a Sessions desde que, el año pasado, el ex fiscal general decidiera recusarse de la supervisión directa de la investigación sobre Rusia y permitiera que Mueller –fiscal federal veterano conocido por su independencia e integridad– se incluyera a la cabeza de la investigación que realizaba su adjunto, Rod Rosenstein.

De nuevo, lo remitimos a Twitter:

Trump decidió reemplazar a Sessions por Matthew Whitaker, quien fue nombrado fiscal general interino. Whitaker se preparó para su nuevo papel como uno de los funcionarios del orden público de más alto rango del país, en parte, al desempeñarse como jefe de personal de Sessions. Antes de eso, Whitaker fue abogado de EE.UU. para el Distrito Sur de Iowa desde 2004 hasta 2009, ejerció la abogacía, intentó infructuosamente conseguir un escaño en el Senado en 2014, trabajó brevemente como comentarista legal para CNN, y luego, desde 2014 hasta el año pasado, fue el director ejecutivo de Foundation for Accountability and Civic Trust, un grupo conservador de defensa.

En una columna en CNN del 6 de agosto de 2017, Whitaker señaló que creía que la investigación de Mueller –que en ese momento llevaba solo unos tres meses– estaba “yendo demasiado lejos”. Whitaker dijo que creía, basándose en su propia experiencia como fiscal, que Mueller “ha llegado a una línea roja en la investigación sobre la intervención rusa en las elecciones de 2016 que está peligrosamente cerca de cruzar”. Señaló que Mueller había ido más allá del mandato original de la investigación, que él interpretó como poco relacionada con la colusión. Sessions designó a Whitaker como su jefe de personal unas seis semanas después.

Así que no, es poco probable que Whitaker se posicione como un respaldo a la investigación en curso de Mueller. Pero Mueller había estado en peligro mucho antes de esto. Trump pensó en despedirlo durante el verano boreal de 2017, como informó el New York Times este año, y he señalado en el pasado que yo creía que si Trump tenía que elegir entre su propia supervivencia (o la de sus hijos) y la ejecución de Mueller, sin duda optaría por la supervivencia.

Trump tiene la facultad para despedir a Rosenstein si Rosenstein no obedece la solicitud del presidente de lancear a Mueller. Eso permitiría que las fichas del dominó comenzaran a caer: Trump (quizás en conjunto con Whitaker o simplemente actuando a través de él) podría entonces deshacerse de Mueller y cualquier otro partidario de Mueller dentro de los rangos superiores del Departamento de Justicia.

Si bien hay desacuerdos entre los expertos en derecho sobre cuanta fuerza puede aplicar el presidente en una purga a gran escala, sus palabras y acciones desde que ingresó a la Oficina Oval el año pasado indican que siente que está facultado para hacer lo que crea que debe hacer. Esa es justo la manera en que ocurren las cosas en “Poniente”.

La realidad de esto, dejando de lado la ficción fantasiosa, es grave. El presidente, que es la principal autoridad para el cumplimiento de la ley del país, ha mostrado reiteradamente poco respeto por la independencia de las instituciones fundamentales (como los tribunales y el Departamento de Justicia) que garantizan el estado de derecho en EE.UU. Una lucha contra Mueller se encamina a provocar una confrontación entre las tres ramas del gobierno federal, y habrá que tomar partido.

Mueller entró en escena el 17 de mayo de 2017, después de que Trump despidiera al entonces director de la Oficina Federal de Investigaciones, James Comey, durante períodos previos de la investigación sobre Rusia. Comey denunció que Trump le pidió que abandonara una investigación del FBI al exasesor de seguridad nacional del presidente Michael Flynn. Mueller más tarde formuló cargos contra Flynn.

Aunque Whitaker ha argumentado que Mueller se ha salido de rumbo en su investigación, al fiscal especial se le otorgó un amplio mandato de investigación. Además de la conspiración, también ha estado investigando la posible obstrucción de la justicia por parte del entorno de Trump, así como los acuerdos comerciales de su Trump Organization, todo lo cual está dentro de su mandato. A Trump y su apoderado, Whitaker, simplemente no les gusta el mandato, al igual que no les gusta Mueller.

Las elecciones de mitad de período concluyeron el martes y los demócratas tomaron el control de la Cámara de Representantes, con toda su fuerza investigativa. Eso permitirá a los demócratas reforzar la investigación de Mueller, que Trump sin duda ha visto venir mucho antes de hoy. Ahora ha revelado sus cartas, poniendo en riesgo la majestuosidad e integridad de la presidencia, junto con el respeto de larga data de la nación por la separación de los poderes federales.

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