El hombre que, presuntamente, derribó un caza japonés con una pistola durante la II Guerra Mundial

A la izquierda un caza japonés Nakajima Ki-43, a la derecha Owen John Baggett.

Sobre la Segunda Guerra Mundial hay infinidad de anécdotas que nos dio ese conflicto bélico de las que un gran número han pasado casi desapercibidas a lo largo de la Historia o, incluso, no aparecen reflejadas en la mayoría de libros dedicados a ello.

Esto se dio a conocer medio siglo después de haber sucedido y aunque su protagonista, Owen John Baggett (fallecido en 2006), defendió su veracidad, algunos son los historiadores y expertos en el tema que lo ponen en duda.

A pesar de ello (y desde que se conoció el relato en 1996) la anécdota ha sido compartida, sobre todo estos últimos años, desde la llegada de las redes sociales.

Owen John Baggett se alistó, a punto de finalizar 1941, a las Fuerzas Aéreas del Ejército de los EEUU. Tenía 21 años y su país acababa de entrar en guerra tras el bombardeo japonés a Pearl Harbor. Su espíritu patriótico, como el de millones de jóvenes estadounidenses, hizo que dejara su empleo, recién encontrado tras haberse licenciado en finanzas, en la empresa de inversiones ‘Johnson and Company Investment Securities’ de Wall Street.

Tras un periodo de adiestramiento de cinco meses, Owen fue destinado al escuadrón 7th Bomb Group que operaba desde la India (en aquellos momentos bajo control británico y en donde los Aliados tenían una base de control de esa región asiática).

La misión de su escuadrón (a los mandos de bombarderos B-24) era el ataque de Birmania (bajo control japonés) y fue durante una de las incursiones aéreas, el 31 de marzo de 1943, cuando tuvo lugar (según testimonió el propio Owen John Baggett) uno de los hechos más sorprendentes de cualquier guerra llevada a cabo y que, a día de hoy, ningún otro miembro del ejército ha vuelto a hacer.

Resulta que, mientras volaban en los B-24, con el fin de bombardear y destruir un puente de madera en la población birmana de Pyinmana, apareció una flota de cazas japoneses ‘Nakajima Ki-43’ que abrieron fuego contra el escuadrón de Owen, abatiéndolos y pudiendo saltar en paracaídas todos los tripulantes.

Uno de los cazas nipones dio media vuelta y continuó disparando su ametralladora contra los propios e indefensos paracaidistas hiriendo de muerte a la mayoría. En ese momento el joven Owen no se lo pensó dos veces, simuló estar descendiendo ya muerto y cuando vio que el avión japonés pasaba a una distancia relativamente cercana a él sacó su pistola (una semiautomática M1911) y disparó cuatro veces contra el piloto (quien llevaba abierto el dosel –capota-) impactando una de las balas en su frente y, por tanto, consiguiendo que el aparato se precipitase contra el suelo.

Tal y como descendió en el paracaídas, Owen y el resto de sus compañeros que se habían salvado, fueron apresados y conducidos a un campo de prisioneros, donde pasaron los dos siguientes años (hasta que terminó la IIGM).

El joven piloto, durante su cautiverio, explicó a sus compañeros del campo de prisioneros su extraordinaria historia, pero ésta no dejó de ser una anécdota más de las docenas que ocurrían a diario en cualquier punto del planeta en el que se estuviese llevando a cabo alguna misión o batalla durante la IIGM.

Fue cinco décadas más tarde cuando el relato de Owen John Baggett (ya fuera del ejército, donde realizó la carrera militar retirándose como coronel) se dio a conocer a través del testimonio de su antiguo compañero Charles V. Duncan en el artículo ‘B-24 Over Burma’ publicado en la revista AIR FORCE Magazine en febrero de 1996.

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