En el acuerdo del brexit no hay nada para los bancos

Varias personas acuden a votar en el referéndum sobre el ‘brexit’ al Museo de Hove, en Reino Unido. ARCHIVO.

Lo mire como lo mire, el borrador del acuerdo del brexit presentado por la primera ministra británica, Theresa May, no es una gran victoria para los servicios financieros, a pesar de ser elogiado como tal en algunos sectores.

Si logra que sea aprobado por el parlamento, lo que todavía es una posibilidad remota, el período de transición que lo acompaña, que bien podría extenderse, le dará a los bancos y otras firmas financieras más tiempo para trasladar empleos y activos al continente. Si no, estamos viendo de nuevo un brexit sin acuerdo que se considera universalmente como una probable catástrofe. Podría haber sido peor, pero no muchos banqueros celebrarán hoy.

El documento que establece los términos de salida de la Unión Europea y una descripción general de los acuerdos comerciales futuros, que llevarán muchos meses más para ser finalizados, trata de poner un brillo positivo en el acceso al mercado de la UE posterior al brexit para la City de Londres. Propone el acceso bajo el llamado régimen de “equivalencia”, un sistema que permite a empresas de países no pertenecientes a la UE, que se consideran que tienen regulaciones financieras similares, hacer negocios con el bloque.

Si bien los tres párrafos del texto sobre servicios son optimistas, no pueden disfrazarse como una victoria para Londres. El gran problema con la equivalencia (conocido desde hace años) es que es totalmente inferior a los privilegios actuales del Reino Unido como miembro de la UE, que permiten a las empresas británicas negociar libremente en todo el bloque. Y tampoco entregará las libertades regulatorias tipo “Singapur en el Támesis” con las que sueñan los partidarios del brexit del mundo financiero.

Está disponible solo para algunas partes de la industria financiera, como el comercio de valores, pero no para la banca mayorista y minorista. Los fondos de inversión minoristas, los corredores de pagos y de seguros también están excluidos. Es irregular, está sujeto a cambios y puede ser eliminado por Bruselas. Los informes de prensa en el Reino Unido indican que Bruselas ha acordado notificar con varios meses de anticipación, en lugar de uno, antes de retirar la equivalencia, pero esto no hará que los jefes de finanzas británicos se sientan mucho más seguros.

De hecho, no hay nada aquí para disuadir a los bancos y otras firmas financieras diversificadas de establecerse al otro lado del canal, algo que ya están haciendo. En el caso de un banco grande, el negocio incluirá áreas donde se aplica la equivalencia y otras donde no. Para nada sencillo. Quizás los operadores de un solo segmento de negocios, o algunos negocios de infraestructura de mercados, encuentren que la equivalencia es suficiente. Pero incluso entonces, aún será necesario saltar obstáculos, registrarse con los reguladores de la UE y tiempo de implementación.

Para ser justos, la equivalencia es ciertamente útil para el papel fundamental de Londres en la industria de derivados, de US$400 billones, al igual que lo es el compromiso del documento de preservar la estabilidad financiera y la integridad del mercado. Pero no resuelve la pregunta crucial de cómo se regulará la compensación de derivados después del brexit, o si la UE tendrá éxito en tomar el control de la supervisión global de la industria, incluso si eso amenaza con provocar la ira de Estados Unidos.

Probablemente, lo mejor que se puede decir del acuerdo es que el período de transición da a las empresas más tiempo para gestionar el costoso proceso de traslado de personal y activos al extranjero. También sería útil que la próxima ola de negociaciones eliminara parte del conflicto de la regulación de los servicios financieros y la sensación de que ciudades como París están utilizando las negociaciones como un medio para debilitar a la City de Londres.

Acercar a Londres a las reglas de Europa a través de la equivalencia está en los intereses de Bruselas, por lo que puede permitirse unas pocas concesiones modestas. Sin embargo, no hay ninguna negociación transparente que traiga de vuelta el pasaporte financiero para las empresas británicas, o que ofrezca lo que los partidarios del brexit pensaban que Londres obtendría al abandonar la UE: mayor participación de mercado, acceso protegido a los mercados de la UE y negocios más lucrativos con otros centros alrededor del mundo.

Si estos términos del acuerdo preliminar no sobreviven a las divisiones dentro del gobierno y el parlamento del Reino Unido, el panorama para la City será aún más sombrío.

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