Andy Warhol y Eduardo Paolozzi, el Pop Art a los dos lados del Atlántico

Fotografía facilitada por la Scottish National Gallery of Modern Art del comediante Phill Jupitus en la exposición “Andy Warhol & Eduardo Paolozzi. I want to be a machine (Quiero ser una máquina)” de la Galería de Arte Moderno de Edimburgo, en cuatro salas, dos dedicadas a cada artista, que exponen su obra cronológicamente para mostrar la evolución que ambos vivieron hasta trabajar la serigrafía en los años sesenta.

Desde los dos extremos del Atlántico, el artista estadounidense Andy Warhol y el británico Eduardo Paolozzi compartieron la inquietud por la cultura popular, que les convirtió, como refleja la nueva exposición de la Galería de Arte Moderno de Edimburgo, en máximos exponentes del Por Art.

“Andy Warhol & Eduardo Paolozzi. I want to be a machine (Quiero ser una máquina)” acoge cuatro salas, dos dedicadas a cada artista, que exponen su obra cronológicamente para mostrar la evolución que ambos vivieron hasta trabajar la serigrafía en los años sesenta.

La muestra toma su nombre de una frase que Warhol pronunció en 1963, cuando afirmó que la simpleza técnica de la serigrafía, que copia una imagen a partir de una fotografía, se asimila al funcionamiento de una máquina al poder repetirse miles de veces.

Se aprecia la fascinación que sobre ambos ejercieron los procesos de automatización así como la publicidad en una incipiente sociedad cada vez más enfocada hacia la mecanización y el consumo.

Según contó el comisario de la muestra, Keith Hartley, la idea de realizar una exposición que uniera los trabajos del americano Warhol, cuya carrera transcurrió en Nueva York, y del escocés Paolozzi, que desarrolló su obra en el Reino Unido, llegó al detectar “las múltiples similitudes en sus trayectorias”.

“Pensamos que sería interesante comparar a los dos artistas, que curiosamente eran hijos de inmigrantes. Los padres de Paolozzi llegaron a Escocia desde Italia y los de Warhol a Pennsylvania, desde Eslovaquia y, quizás por eso, tienen una visión más imparcial del arte, abierta a nuevas posibilidades”, señaló.

Lo primero que llama la atención del visitante son los reconocibles retratos de Marilyn Monroe que llenan de colorido la segunda de las salas dedicadas a Warhol y que, sin pretenderlo, relega a un segundo plano a la célebre lata de sopa Campbell’s.

Para Hartle, el retrato de la icónica actriz es, sin duda, una de las piezas centrales de la exposición, que se podrá visitar hasta junio de 2019, y que, a su parecer, “será un descubrimiento para el público, que podrá apreciar tanto el trabajo por separado de estos dos grandes artistas como las similitudes que les unen”.

Warhol (1928-1987) creó imágenes que se han convertido en referentes culturales, muchos de los cuales fueron carteles de publicidad comercial, una actividad que, pese a haber triunfado como artista, nunca dejó de ejercer para bandas como The Beatles o The Rolling Stones y marcas como Levis, Absolut Vodka o Agua Perrier.

Todos ellos se pueden observar en la estancia dedicada a los sesenta, cuando, según explicó el comisario, empieza a usar la serigrafía y su flexibilidad técnica, que le permite “traducir imágenes fotográficas en grabados y pinturas con enormes implicaciones conceptuales”.

Al igual que haría Paolozzi, Warhol usa esta técnica para experimentar con múltiples variaciones de color sobre una sola imagen, simplemente cambiando las tintas o pinturas aplicadas a la misma plancha y desdibujando, en el plano teórico, la idea de autoría individual de la obra de arte resultante.

Paolozzi (1924-2005), el autor menos conocido de este tándem, es definido como uno de los grandes exponentes del Pop Art británico, una faceta que se refleja en los coloridos carteles.

Nacido en Edimburgo, donde se alberga gran parte de su obra, fijó su estudio en Londres, donde fundó el Independent Group, que, con su cuestionamiento de los enfoques culturales del momento, se considera el precursor del Pop Art en ese país.

Si bien en los inicios de su carrera Warhol usó técnicas de delineado para transferir imágenes de figuras fotográficas a sus dibujos, Paolozzi recurrió al collage nutriéndose de retales de revistas, fragmentos de máquinas y otras piezas, una técnica que hizo evolucionar con la llegada de la serigrafía.

Entonces, el escocés abandonó las técnicas más tradicionales como las esculturas en bronce y comenzó a soldar piezas de aluminio para crear figuras y torres modernas como “Vulcan”, la impresionante estatua de más de siete metros “mitad hombre, mitad máquina”, que, por su complexión, se expone permanentemente en el café del museo.

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