Antía Moreira Aragunde, alumna de hostelería del Carlos Oroza: “Nosotros somos la cara de cocina”

 

Antía Moreira Aragunde, estudiantes de hostelería, Dirección de Servicios de Hotelería, con un compañero que desempeñó la tarea de metre en el Menú de Outono.

Cuando los programas televisivos generan a montones vocaciones para la cocina, existe en hostelería la otra vocación de quienes quieren trabajar en sala, siendo “la cara de cocina”. Esto confirma a Grupo ES. una alumna de 23 años del CIFP Carlos Oroza que cursa Dirección de Servicios en Hostelería, Antía Moreira Aragunde.

Antía comenzó en el mundo de la hostelería con 16 años, “muy joven, siendo un poco ‘esclava’ por decirlo de alguna manera. Muchas horas y muy poco dinero”. Admite que empezar sin formación provoca que se adquieran vicios que luego cuesta quitar. “Es mejor llegar a un centro como el Carlos Oroza partiendo de cero. Entonces te enseñan a hacer las cosas bien desde el minuto uno y no tienes que cambiar costumbres para adaptarte a lo que te enseñan. Todo esto me costó un poco…”, afirma con gran madurez.

El comedor de prácticas del Carlos Oroza, en Pontevedra, está abierto, de lunes a viernes de 14 a 16 horas, a cualquier persona externa al centro. Es preciso reservar por teléfono con cierta antelación, nunca en el día porque no habrá plazas, para poder almorzar. Su precio es simbólico, 10 euros.

Antía Moreira Aragunde, estudiante del CIFP Carlos Oroza, Dirección de Servicios de Hotelería, con un compañero que desempeñó la tarea de metre en el Menú de Outono.

Como explica Antía Moreira, “nuestros servicios son nuestras prácticas al igual que pasa con los compañeros de cocina”.

Los alumnos de sala van turnándose en las diferentes tareas en el comedor. La de metre, para Antía, es la más difícil porque se trata de desempeñar la labor de un jefe de personal. Después está el jefe de rango que tiene una serie de ayudantes. “Se trata de tener una organización muy buena tanto en sala como en cocina para que el servicio salga bien siempre”, dice.

Los cambios de cocinero –estos días ha estado un cocinero mexicano y luego el chef Iván Méndez- se perciben en sala, explica esta estudiante de hostelería. “Se nota en la presión, un poquito. Parece que estamos un poco más tensos. Todos intentamos que todo salga perfecto. Y eso mismo lo hacemos todos los días: hacer el servicio lo mejor posible”.

Otra labor de sala es transmitir a cocina cualquier felicitación o queja de un cliente. “Somos capaces y tenemos que serlo”, dice, de esa transmisión. Y en otro momento añade: “Los que están elaborando la comida son ellos y necesitan saber”.

Para preparar el último evento en el Carlos Oroza, Antía Moreira explica que era necesario quedarse por las tardes en el centro porque las mañanas no llegaban. Había que preparar la decoración… Y observa: “Los profesores demostraron una total implicación con nosotros… lo que necesitásemos…”.

Antía lo que espera de un cliente es que sea educado. Eso es lo que más valora independientemente de que hable o no… “Me gustan los clientes educados, amables…y poco más se le puede pedir a un cliente. Si hay un buen servicio…el cliente no tiene por qué enfadarse”.

Ella disfruta del “trato con el cliente”. Le parece la mayor satisfacción de esta profesión hostelera en sala.

Antía cuenta con aprobar el curso y en abril del próximo año irse a hacer prácticas de Eramus a algún país donde pueda practicar idiomas, sobre todo inglés, tan importante para esta profesión. “Necesitamos irnos fuera”, concluye.

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