La fuerte volatilidad del Bitcoin la obliga a reinventarse

El Bitcoin ha llegado a los 10 años de vida. La criptomoneda más importante cumple una década en una situación un tanto cuestionable. Mientras hace un año el bitcoin se encontraba en un momento de máxima expansión, en las últimas semanas se ha desplomado perdiendo un 50% de valor. La reducción en términos de capitalización ronda ya los 220.000 millones de euros.

El debate sobre el futuro de esta moneda digital como medio de pago es más intenso que nunca. Saltan chispas entre los más fervientes defensores de la criptomoneda y aquellos más escépticos a su uso. Entretanto, una gran parte de la población mundial desconoce qué es realmente esta moneda y para qué sirve.

Tras la bifurcación o ‘hard fork’ del bitcoin cash en bitcoin Cash SV y bitcoin cash ABC, comenzó la debacle. Muchos expertos apuntan a que es la causa principal del hundimiento, ya que entienden que al generarse una situación de incertidumbre en cuanto al futuro de la criptomoneda, los inversores han decidido vender sus participaciones como medida de seguridad preventiva.

Pero no es un caso aislado, otras criptomonedas como el Ethereum o Ripple están sufriendo grandes pérdidas. Por ello, otros muchos analistas también afirman que simple y llanamente se trata de un ciclo económico normal, con etapas de expansión y recesión. Así lo explica por ejemplo el analista Charles Hayter: “El bitcoin atraviesa las mismas fases cíclicas de todo mercado”, aunque reconoce que lo hace “de una forma mas exacerbada por ser tecnología naciente”. Además, sus defensores afirman que, a pesar de la bajada, el bitcoin a día de hoy se compra a unos 6.000 dólares mientras que en 2010 apenas valía 5 centavos de dólar.

Se trate de una etapa habitual o no, lo que esta montaña rusa de subidas y bajadas demuestra es que esta moneda digital está caracterizada por una fuerte volatilidad. Se encuentra completamente expuesta al ‘momemtum’. Es decir, es muy vulnerable. Y, partiendo de la base de que fue concebida justo para ofrecer inmunidad frente a las perversiones de mercado, existe un problema de base. La situación es muy delicada y puede que la única solución sea reinventarse.

Además, otro de los puntos débiles es el vacío legal que existe. Se trata de de una moneda sin forma física y sin dueño propio por lo que se emite al margen de los bancos centrales y no está subordinado al control de ningún estado. Lo convierte en un nicho de prácticas ilegales que muy pocos gobiernos se están preocupando por legislar.

Esto parece que puede cambiar a partir de 2020 gracias a la actuación de Japón, país pionero en la regulación de los mercados de criptomonedas a raíz del hackeo de la casa de cambio Mt.Gox en 2014. El país asiático quiere sacar adelante una normativa internacional coordinada para el sector, aprovechando su presidencia del G20. Quizá sea el impulso que se necesita para estabilizar la moneda digital y asegurar su subsistencia. Pero, si se regula, ¿dónde queda la independencia de la divisa frente a las injerencias de los estados? En ninguna parte.

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