La Torre de Pisa sigue inclinada, pero un poco menos que hace 20 años

En veinte años, la Torre de Pisa ha corregido su inclinación en cuatro centímetros y su estado de salud es óptimo.

El suelo inestable sobre el que se construyó y unos cimientos poco profundos hicieron que la Torre de Pisa comenzase a ladearse casi en el mismo momento en el que se iniciaron las labores de construcción. Eso le dio su aspecto característico y su inclinación hacia un lado. Pero lo que es una seña de identidad para la ciudad italiana también es motivo de preocupación. Sin embargo, los trabajos realizados durante veinte años y que mantuvieron el monumento cerrado al público han dado sus frutos. La Torre inclinada de Pisa sigue inclinada, pero menos.

Construida en el siglo XII con un peso de unas 14.500 toneladas y altura de unos 57 metros, la Torre de Pisa nació torcida y así ha seguido (y seguirá) durante toda su vida. Cada vez más hundida en el suelo y más inclinada por culpa de un firme inestable, en 1993 decidieron cerrar al público para intentar evitar su deterioro y, a la larga, un destino que podría ser fatal.

Coordinado por Michele Jamiolkowski, como recuerda La Repubblica, un comité internacional se encargó de diseñar y organizar los trabajos de consolidación que fueron llevados acabo entre 1993 y 2001 con un único objetivo: frenan el movimiento de la torre y, en la medida de lo posible, corregirlo.

Tras casi 20 años de observación, los encargados de hacer el seguimiento de las medidas que se tomaron entonces y que permitieron reabrir el monumento y sus escaleras en espiral a los turistas hace siete años han concluido que la torre no solo no ha aumentado su inclinación, sino que la ha revertido en cuatro centímetros.

Una corrección que no es apreciable para el ojo humano dado el tamaño del campanario de la catedral. Eso es lo que es la Torre de Pisa, un campanario. Su mejoría, eso sí, no impedirá a los visitantes seguir haciéndose la típica foto sujetándola, pero supone una buena noticia para el monumento y es mejor aún de lo que se esperaba. La Torre de Pisa no se tuerce más y su estado de salud es óptimo.

Han dado fe de ello los responsables del grupo de observación coordinado por Salvatore Settis, Carlo Viggiani y Donato Sabia, quienes llevan 17 años contemplando y midiendo la oscilación del campanario. Y su conclusión es clara, la fuerza de la gravedad no le ha afectado en todo este tiempo.

Nunziante Squeglia, profesora de geotecnia de la Universidad de Pisa y colaboradora del grupo de vigilancia, ha declarado a medios italianos que más allá de la corrección de cuatro centímetros “lo más importante es la estabilidad del campanario”.

El grupo encargado de la vigilancia de la Torre continuará observándola, analizando sus movimientos, monitorizándola y tomando medidas que sirvan para evaluar si los trabajos realizados hace más de dos décadas siguen siendo suficientes para mantenerla estable o hace falta llevar a cabo otras iniciaivas por su bienestar.

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