Los españoles dan cada vez más importancia a su felicidad individual

Respecto al cambio de valores, que analiza el período 1981-2014, el estudio concluye que los españoles han aumentado su compromiso con el “individualismo igualitarista”, aunque incide en que esto no significa que sean más egoístas, ya que está asociado con un crecimiento reconocido de los deseo de autorrealización del resto.

Los españoles cada vez dan más importancia a sus preferencias personales, a la autorrealización y a la búsqueda de la felicidad individual como principios rectores de su comportamiento en sociedad y cada vez se alejan más de “constreñimientos externos”.

Esta es una de las conclusiones del “Informe España 2018”, que la Cátedra José María Martín Patino, de la Universidad Pontificia de Comillas, realiza desde 1993 para “recoger la sensibilidad social ante los problemas más acuciantes del momento” y que cada año estudia distintas variables.

Respecto al cambio de valores, que analiza el período 1981-2014, el estudio concluye que los españoles han aumentado su compromiso con el “individualismo igualitarista”, aunque incide en que esto no significa que sean más egoístas, ya que está asociado con un crecimiento reconocido de los deseo de autorrealización del resto.

Destaca el informe el lugar que la tolerancia y la solidaridad ocupan en la escala de valores de los españoles, que rechazan la discriminación, aumenta su oposición a la evasión de impuestos y tienen un mayor compromiso con el cumplimiento de las normas.

Según el informe, también se ha incrementado el compromiso cívico de los españoles, que quedó patente a principios de la década de 2010, después de que con la crisis económica “se resintió la importancia que se concede al voto” y se despertó “un torbellino participativo” que demostró la apuesta de los ciudadanos con la democracia.

El estudio señala que “la inmigración representa la mayor transformación de la estructura social española desde la incorporación de la mujer al mercado laboral”, y alerta sobre el “malestar mental” que puede provocar en los menores la separación de sus padres y que “no está claro que se resuelva con el tiempo de forma completa”.

Alerta el estudio sobre la baja fecundidad española, ligada a la creciente precarización laboral de los jóvenes y el escaso apoyo público a las labores de crianza de los menores de 3 años, las dificultades para conciliar la vida laboral, personal y familiar y la persistente desigualdad de género en el trabajo de cuidados.

Además, ante la distancia que se observa entre la fecundidad deseada (2 hijos por mujer) y la real (1,3) el informe aconseja “una organización más flexible del tiempo de trabajo”, ya que “no es previsible que se remonte el umbral de reemplazo generacional a medio o a largo plazo”.

Al referirse a los efectos de la crisis económica de la primera década del siglo XXI, destaca el aumento del “autoempleo”, aunque se mantiene como una opción minoritaria, y la mitad de los que han optado por él también han recurrido al trabajo por cuenta ajena, con lo que se deduce que “aún no constituye una opción de empleo estable”.

Respecto al empleo por cuenta ajena, se constata una mayor temporalidad (un 5 % más antes que antes de la crisis) y una reducción en la duración media (más de la mitad de los contratos son de entre 1 y 15 días y solo el 7 % de las altas ha superado el año de duración) y de la parcialidad (24 % a tiempo parcial frente al 36 % anterior a la crisis).

Incide el Informe en el cambio en la distribución sectorial de los nuevos autoempleos, que se redujeron en la construcción y aumentaron en el sector servicios, principalmente en transporte, comunicaciones, educación y sanidad, con especial mención a los asociados con plataformas digitales.

Y en cuanto al voto, se confirma el proceso de polarización en torno al eje nacionalista en Cataluña y una (más moderada) despolarización en el País Vasco.

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