Percebeiros, un oficio de riesgo

Mariscadores faenan en el cabo Roncudo, en Corme, A Coruña, los percebes considerados los mejores del mundo y los que alcanzan el máximo precio en Navidad. Los percebeiros, “guerreros” armados con su herramienta, “ferrada”, extraen los percebes jugándose el físico donde rompen las olas entre las rocas, en la llamada Costa de la Muerte.

Los percebes de O Roncudo, en Corme (A Coruña), no tienen parangón y llevar la malla llena de los mejores comporta mucho de riesgo y buena maña, pero sin duda alguna es uno de los mejores productos gallegos para coronar las rebosantes mesas de Navidad.

Existe una costa que es famosa por estos seres que la pueblan y, si bien esta semana el infortunio hizo que se haya vuelto a hablar de ella por los naufragios, dos en menos de veinticuatro horas y con el saldo de cuatro muertos y un marinero que continúa desaparecido, su fama se debe a sus idóneas condiciones para el desarrollo de este envidiado crustáceo.

En un mar picado, entre una palada y otra, los profesionales en la materia que trabajan en As Rosas, embutidos en monos y siempre con un ojo puesto en el oleaje porque el mar engaña y corre más que la gente, se saludan siempre con un gesto antes de meterse en faena, con ese olor a algas y a sal, pero también a café y del tempranero.

El festivo mes de diciembre y el verano son las fechas fuertes.

Dos horas antes y una después de la primera bajamar, es la ley de este oficio, una carrera contrarreloj con un tope de captura, que es necesario para el equilibrio de los precios de venta, y tres aperos indispensables: red, mochila y raño (nombre del garfio de hierro con el que se arranca el marisco de las peñas).

Escoger y quitar el verdín es la última fase, la más segura, pero a la par la menos estimulante, según sus propios testimonios, y se podría definir, por ende, como la más aburrida.

El kilo del percebe “bueno”, el que está más duro y compacto, suele sobrepasar normalmente los cien euros, el mediano menos de la mitad de ese importe y los “mexóns” (meones), llamados de esta manera porque sueltan agua, son siempre los más baratos, totalmente asequibles, pero por lógica son los que tienen menos carne y no están ni de lejos entre los que generan mayor demanda.

En este final de año, y con las autorizaciones expresas a algunas agrupaciones por parte de la Consellería de Mar para poder trabajar en esta jornada, y en otros casos elegir entre hoy o el lunes, ha dejado precios en casos próximos a los 200 euros y en otros muy cerca de los 300.

Rascarse el bolsillo es lo único que queda. Se trata de un permiso puntual con el objeto de relanzar una campaña que se ha resentido por el mal horario de las mareas y las inclemencias del clima -oleaje-.

Este litoral gallego, el de la “costa de los percebes” (Roncudo, Camelle, las Sisargas…), en el que en ocasiones se forman peligrosos remolinos, está plagado de duros acantilados y de playas prácticamente vírgenes.

La percebeira Elvira, de 63 años, escapa de la ola mientras faena los percebes en el cabo Roncudo, en Corme, A Coruña, considerados los mejores del mundo y los que alcanzan el máximo precio en Navidad. Los percebeiros, “guerreros” armados con su herramienta, “ferrada”, extraen los percebes jugándose el físico donde rompen las olas entre las rocas, en la llamada Costa de la Muerte.

Las corrientes marinas, que alteran la salinidad y densidad del agua; la roca que es granítica, el hecho de “acariciar” los rayos solares cuando hay posibilidad y la lluvia, que estimula enormemente el crecimiento de este manjar marino de cuerpo cilíndrico y alargado protegido en su extremo por un caparazón reforzado por placas calizas, son las propiedades de la zona, responsables del reconocimiento de este percebe.

Son innumerables los textos escritos que describen la dureza y la callosidad del apresamiento del mismo en unas bellas localizaciones que semejan inaccesibles, pero los que a esta actividad se dedican tienen el suficiente resuello y aplomo para encarar tal labor, una habilidad la suya que los comensales, ya más tarde, han de desarrollar a su vez para no quemarse las manos pelando.

Los mercados se abarrotan de mariscos para menús muy especiales, primero de Nochebuena y Navidad y después de Nochevieja y Año Nuevo.

Percebes, cigalas, bogavante, vieiras, besugo, bacalao… Las plazas, con sus puestos y vendedores, se convierten en los grandes puntos de encuentro por la presencia de esta materia prima extraída del mar y con unos importes de comercialización competitivos aunque, como ocurre cada año, ajustados a un momento que es considerado de altísima demanda.

No es esta una época para contar calorías, pese a que es necesario tener muy presente a efectos preventivos la advertencia habitual de las autoridades sanitarias, que recomiendan proceder con mesura en el arte de chuparse los dedos.

Print Friendly, PDF & Email
Me gusta
Me gusta Me encanta Me divierte Me asombra Me entristece Me enfada