Fernando Gallego, el joyero con piezas que son “un trocito de mí” y de la Historia

El orfebre Fernando Gallego (en la imagen) que compra a los anticuarios más reputados, puesto que todo lo que hace lleva certificado de autenticidad, y acumula encargos de Estados Unidos.

¿Puede un químico apasionado por la historia dar vida al pasado y convertir antigüedades en preciadas joyas? Sí, en el caso del orfebre Fernando Gallego que compra a los anticuarios más reputados, puesto que todo lo que hace lleva certificado de autenticidad, y acumula encargos de Estados Unidos.

Este pontevedrés, químico de formación y orfebre de oficio y vocación, es un joyero artesano que regenta un negocio en Outes (A Coruña), a treinta kilómetros de Santiago, desde donde da una nueva vida a las antigüedades a través del oro y la plata para venderlas tanto a sus vecinos como alrededor del mundo.

“Para nosotros la venta física sigue siendo la mayoritaria, pero de unos años a esta parte decidimos potenciar las redes sociales, para hacer nuestro escaparate más grande y porque ofrece una posibilidad estupenda de ofrecer tus productos en todas partes”, ha asegurado Gallego.

De este modo, Gallego, quien hace 17 años echó a andar esta joyería junto a su esposa, Paula, en Outes, un pequeño pueblo de apenas 6.600 habitantes, acumula encargos de Chile, Australia o Estados Unidos, donde sus diseños triunfan a pesar de la gran cantidad de oferta de joyería de la que disponen los consumidores.

“Vender a través de Internet también es difícil, hay muchísima competencia y el consumidor está saturado, pero descubrimos que podemos llegar a una gran clientela ofreciendo algo que la gente no vaya a encontrar en otros sitios y diferente a las piezas fabricadas en serie por las grandes marcas”, explica el joyero.

Pero, ¿qué hace que la orfebrería de Gallego sea diferente? La respuesta salta a la vista nada más entrar en su local, que bien podría pasar por la sala de un museo: monedas de la era Meiji japonesa, amuletos egipcios, puntas de flecha de sílex del Paleolítico, colgantes bizantinos… Todo tiene cabida en su taller.

“Soy un apasionado de la historia y, gracias a eso, comencé a coleccionar antigüedades, pequeñas piezas de anticuarios de Madrid o Barcelona, y un día pensé que sería bonito hacer joyas con ellas, haciendo que las personas pueden llevar consigo objetos que normalmente estarían en las vitrinas de un museo o de un coleccionista”, relata.

Gallego, quien hace 17 años echó a andar un joyería junto a su esposa, Paula, en Outes, un pequeño pueblo de A Coruña.

De este modo nació la Colección Antiques, que parte de una filosofía clara: mantener la integridad de la pieza original para conservar su valor y, siempre artesanalmente, añadirle monturas de oro y, en ocasiones, engarces de gemas, para devolver a la vida a estos pequeños tesoros que llevaban cientos de años guardados.

“De este modo se une el trabajo del artesano de ese entonces con lo que yo le aporto y, además, es bonito pensar que alguien llevó puestos esos objetos hace 2.500 años y ahora sea otra persona quien lo lleve, es como si volviese a tener vida otra vez”, apunta el orfebre.

Esta colección ha triunfado especialmente en Estados Unidos, donde hay un gran interés por la historia y los objetos antiguos pero, además, “les fascina” que una persona pueda llevar, por ejemplo, joyas egipcias de 2.500 o 3.000 años de antigüedad; el éxito es tal que Gallego lanzará un portal de venta online específico para el público estadounidense.

“Es un mercado muy grande, hay 200 millones de personas consumiendo a las que, además, le gustan mucho nuestros diseños; además, en Estados Unidos la gente, gracias a la compra por catálogo, están muy acostumbrados a comprar por Internet, el 80 % del comercio allí ya es online”, argumenta el orfebre pontevedrés.

A pesar de haber estudiado Ciencias Químicas, una vez terminada la carrera Gallego decidió dedicarse a su pasión, la orfebrería, un oficio que había aprendido durante su infancia y adolescencia de la mano de su padre, y lo que realmente le gustaba.

Desde entonces, a este joyero no le ha ido mal siguiendo los pasos de su padre: su Colección Antiques ha sido galardonada con el Premio Madrid Joya Designers 2019, que expondrá en febrero en Ifema, y su otro buque insignia, la Colección Apilables, le llevó a obtener el sello Galicia Calidade, una marca que lleva “con orgullo”.

En el día a día, Gallego se dedica también a la venta de productos de joyería al uso, a la reparación, y a la elaboración de joyas incluso con oro reciclado y, por supuesto, a la creación artesana de alianzas matrimoniales, que elabora por encargo incluso a distancia.

“Me gusta pensar que siempre hay gente que lleva por el mundo joyas mías, un trocito de mí; pero lo que más ilusión me hace es acertar con los clientes, que tienen que confiar en ti para hacer un pedido sólo en base a fotos y después te llaman para decir que era mejor de lo que imaginaban”, concluye el orfebre.

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