Marcelo, nota discordante en el brillante planteamiento de Solari

Empate con una parte para cada uno (1-1). Lucas marcó a los cinco minutos. A Vinicius, atrevido, le faltó acierto. El Real Madrid perdonó al Barça.

El primer y vertiginoso Clásico de Copa ha dejado abierto un ventanal para un partido de vuelta todavía más excitante que éste del Camp Nou. El Real Madrid se llevó la primera parte, mientras que el Barcelona hizo lo propio con la segunda en un choque de alto voltaje donde Vinicius y Malcom marcaron el compás de un empate con más emoción y ocasiones que fútbol. Con un poco más de acierto, lo que fue un partido abierto con alternativas hubiera terminado siendo un festival de goles a recordar. La Copa del Rey convirtió el Clásico en un permanente camino sobre el alambre, donde las cámaras siempre enfocaron más a las áreas que a la galleta central.

En la primera parte, el Real Madrid tuvo contra las cuerdas al Barcelona durante una buena fase. Literalmente contra las cuerdas. En gran medida, gracias al descaro de Vinicius. Más de la mitad de las acciones fueron por su banda, y su personalidad fue el percutor por antonomasia de los blancos. Con 18 años fue protagonista del Clásico. Y con un poco más de acierto hubiera sido héroe. Porque tuvo dos manos a mano clarísimos donde le temblaron las canillas. Lo había hecho muy bien en la primera jugada, la del gol, centrando a Benzema, que asistió a Lucas Vázquez. Era el minuto 5 y el Real Madrid encarrilaba el partido. Al cuarto de hora podía haber cerrado ya la eliminatoria. No fue así. Y el Real Madrid lo echaría de menos. Como a Reguilón.

Solari fue bravo en su alineación con Llorente-Lucas-Vinicius. Brillante, si cabe. Sin embargo, dejó a Marcelo en el once inicial, sacando de la convocatoria al canterano siniestro. Lo que terminaría siendo una fuga incontrolable para los blancos que Malcom supo aprovechar. Se cebó. Jugó el partido de su vida, abusando de un Marcelo que nunca estuvo donde debía estar. Fue a raíz de esa banda derecha por donde el campo se fue desnivelando hacia el lado blaugrana con el descanso como ecuador bien diferenciado entre el dominio de uno y de otro. Con la perspectiva del pitido final, la lectura es inequívoca. No fue Malcom, ni Messi, ni Suárez, ni Mateu Lahoz, sino que fue Marcelo la pieza que rompió los esquemas de Solari y de todo el Real Madrid.

Y es que, poco a poco, el Barcelona se fue haciendo dueño y señor del partido, aprovechando a su vez el cansancio acumulado de una presión infructuosa cada vez que el cuero alcanzaba la banda diestra del ataque local. El gol de Malcom nada más regresar del descanso fue el primer punto de giro que convirtió el Clásico en una rondo contra los de Solari. El extremo culé aprovechó un rechazo para marcar con Keylor fuera de palos. Diez minutos más tarde, Llorente cayó lesionado, mientras Messi y Bale entraron al campo. El segundo punto de giro con el que el Real Madrid terminó perdiendo totalmente la iniciativa del partido. Sólo hasta que en el minuto 80 se estirase un poco, con una ocasión franca malgastada por Bale con Ter Stegen fuera de palos.

Pero no hubo más gol. Eso sí, a cambio, el 1-1 final dejó la eliminatoria muy abierta para la vuelta en el Santiago Bernabéu. El Barcelona aprendió que nunca puede dar por muerto al Real Madrid. Y Solari aprendió que Marcelo no está aún para este tipo de encuentros. Las espadas están en todo lo alto.

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