Adivina, adivinanza, ¿qué hará el presidente mañana?

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, interviene en el debate de totalidad de los presupuestos este martes en el pleno del Congreso.

Adivinanza este martes en el Congreso de los Diputados: presupuestos parece, política es, ¿qué es? Un bronco debate de las enmiendas a la totalidad de los Presupuestos Generales del Estado.

Así de sobresaltada está la política española, y así ha podido comprobarse durante una sesión de más de siete horas de duración en la Cámara Baja, sede este martes de una variada gama de ataques políticos, quinielas electorales, apuestas por las urnas y alguna cifra, alguna, sobre las cuentas públicas que ha preparado el Gobierno para este año.

Unas cuentas que aumentan el gasto social, que apuestan por la lucha contra la violencia machista, por la dependencia y por dotar de más recursos a las comunidades autónomas. Unas cuentas con números, porcentajes y millones, en ocasiones muchos millones, que se han visto empañadas por el clima electoral o preelectoral o nada electoral.

Porque, por ahora, no hay elecciones a la vista.

Lo que hay a la vista, y ya se verá, es una declaración de Pedro Sánchez fijando la fecha de elecciones antes de lo previsto.

Pero, lo dicho, ya se verá, pues todo depende de lo que pase mañana cuando los diputados y diputadas decidan si los Presupuestos de Sánchez, su proyecto para España, en palabras de Adriana Lastra, continúan negociándose en el Congreso o son devueltos al lugar del que vinieron.

Como habrá sido este debate, largo, tenso y por momentos bronco, que la presidenta del Congreso, Ana Pastor, ha resumido en una advertencia lo que ha sucedido en el hemiciclo. Una advertencia al portavoz de ERC, Joan Tardá, autor de una de las enmiendas a la totalidad: “Es bueno que nombre de vez en cuando el Presupuesto”.

Pero Tardá apenas lo ha mencionado, y la verdad es que casi nadie lo ha hecho, ni siquiera los dos líderes que tenían en el debate de este martes el segundo gran escaparate tras la plaza de Colón del domingo pasado: Pablo Casado, presidente del PP, y Albert Rivera, presidente de Ciudadanos.

Sobre ellos ha recaído gran parte de la atención política, y de la tensión, porque sus discursos se han caracterizado por ser ofensivos y en ocasiones agresivos, como esos equipos de fútbol que ponen a sus centrales en el área rival para marcar gol como sea.

El gol para ellos es el acecho a Sánchez y arrebatarle la convocatoria electoral, así que no han escatimado en recursos, especialmente la gestión de Cataluña y las cesiones a los independentistas, algunos de cuyos exlíderes se han sentado en el banquillo de los acusados del Tribunal Supremo.

Por ser rigurosos: el debate de la totalidad de los Presupuestos comenzó ayer, o quizá la semana pasada, cuando ERC, primero, y PDeCAT, después, registraron sus enmiendas de devolución de las cuentas, lo que ha complicado la supervivencia del proyecto tanto que apenas hay diputados y ministros/as que crean que seguirá la tramitación parlamentaria.

Y ayer el Gobierno lanzó una medida de presión de consecuencias previsibles: sin Presupuestos, la legislatura se acorta. Sánchez decidirá cuánto, si es que efectivamente se queda sin Presupuestos.

Todo ello, Cataluña y posibles urnas anticipadas, ha envuelto el debate de este martes en papel electoral, y por extensión, en papel político.

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, encumbrada hoy a escala nacional como parlamentaria aguerrida, salió a la tribuna pasada la media mañana, y tras una primera media hora de alto voltaje político, con “puyas” a la movilización del domingo y a la actitud de PP y Cs (y Vox), comenzó a desgranar las cuentas de su departamento y esas apuestas sociales, fiscales y económicas.

Lo ha hecho con soltura, enervando al sector de la concurrencia de “la derecha”, ante un templado Pedro Sánchez y ante todo el Gobierno, dispuesto en la bancada azul que le corresponde como muestra de apoyo sin fisuras a los Presupuestos y a su jefe. Sánchez ha estado todo el rato en el hemiciclo, no se ha perdido un solo segundo, sólo él sabe pensando en qué.

Una hora y veinte minutos duró Montero en la tribuna, aperitivo político antes del almuerzo, durante el que Casado ha cogido fuerzas para regresar a las 15.00 horas con su puesta en escena ya habitual: el guión está en su cabeza, no hay papel que le ayude.

Ha sido un toma y daca de muchos voltios para cargar el hipotético ambiente electoral mientras los Presupuestos comenzaban su letargo. Rivera, suave al principio, con colmillo en la réplica, se terminó uniendo.

El énfasis por unas elecciones ya y por la gestión catalana se ha elevado tan alto que Montero tuvo que necesitar varios minutos para llamar a Rivera por su nombre, pues hasta siete veces le llamó antes “señor Casado”.

La rabia política de la ministra se endulzó con el independentismo catalán, pero sin perder la contundencia: con autodeterminación, nada; sin autodeterminación, presupuestos. Esos Presupuestos que dormían plácidamente a la espera de la votación de mañana.

Mañana. Miércoles 13 de febrero. Quién sabe si el primer día del final de la legislatura o el primer nuevo día del manual de supervivencia de Sánchez.

También se ha hablado del libro, sí.

Al fin y al cabo, adivina, adivinanza, ¿qué hará el presidente mañana? La respuesta…

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