Hemos vivido engañados durante mucho tiempo

El técnico del Barcelona, Ernesto Valverde, analizó la victoria en Manchester en la Champions League.

Uno de los traumas infantiles más comunes- y que de hecho suele marcar el paso de la infancia a la preadolescencia- aparece el día en que uno descubre el secreto que se esconde tras los Reyes Magos. El nivel de afectación varía en función del caso pero es prudente decir que el desengaño es devastador. La magnitud de la traición radica en el hecho de que alguien cercano a ti ha estado repitiéndote en voz alta durante muchos años algo que ha resultado ser falso. Esa es exactamente la sensación que tengo ahora mismo.

Leyendo las crónicas de la victoria de ayer uno se encuentra con que “el Barça hizo un gran partido, inteligente, práctico” y que “este equipo demuestra una gran madurez”. Ni una sola crítica. Ni una. Algunos no solo esconden los defectos de la castaña infame que tuvimos que masticar en el Teatro de los Sueños sino que hasta sacan pecho y hablan de que “remilgos, los justos”. Como si pedirle al equipo poseedor de algunos de los mejores futbolistas del mundo (y de la historia) que juegue un poco al fútbol sea un crimen asociado al pecado capital de la soberbia. Uno vive con el temor de que cualquier día aparezca el asesino de Seven en su casa.

RECAPITULEMOS

El Barça ganó 0-1 en Old Trafford y tiene los dos pies en semifinales de la Champions. No lo duden. No uno y medio. No uno y tres cuartos. Los dos. Si fuera una bestia cuadrúpeda, tendría los cuatro pies en semis. El problema es que para conseguirlo, el conjunto de Valverde lanzó cualquier cosa parecida a un libro de estilo por el retrete y tiró la cadena varias veces para asegurarse de que se había perdido por el desagüe. Si este Barça fuera un álbum musical, únicamente deberíamos escuchar la primera y la última pista. Diez buenos minutos al principio. Diez buenos minutos al final. Bocadillo de castaña. Como siempre, lo peor aparece con marcador a favor. No puede ser casualidad. Es una tendencia sobre la que venimos poniendo el foco desde hace meses. Llevamos dos años así. Es práctico. Es útil. Es inteligente. Pero también es pobre. Marcar el 1-0 y ponerse a esperar que pasen los minutos es algo que, por muy exitoso que acabe siendo, choca frontalmente con la idea de la que siempre ha hecho bandera el club. Aún es más doloroso el contraste cuando- caprichos del destino- el Ajax exhibe esa añorada idea a la misma hora. A los holandeses se les puede tildar de kamikazes pero uno no puede evitar enamorarse de un conjunto que es fiel a su historia y que aunque marque cuatro goles, sabes que va ir a buscar el quinto. El equipo de Valverde es todo lo contrario. Es uno de los más eficaces del mundo y también de los más aburridos. Por supuesto, resulta perfectamente compatible ser exitoso con traicionarte a ti mismo, de hecho en muchos ámbitos de la vida laboral y social, suelen ir de la mano. La prueba de que se puede ganar un triplete así es que se ha ganado un doblete así.

QUÉ RARO

Pensaba que lo importante era el cómo y no el qué.

Me creí durante muchos años la mentira de que lo que realmente importaba en Barcelona no era ganar títulos sino el fútbol con el que los ganabas. Que lo importante no era la meta sino el camino. Leí a los mismos que ahora aplauden el pragmatismo y la inteligencia de este equipo llenarse la boca con términos como “estilo”, “valentía” o “exhibición de valores futbolísticos”. Nos persiguieron durante décadas con todas las portadas de L’Equipe, las noticias de apertura de todos los telediarios del globo terrestre y los ríos de tinta que dieron la vuelta al mundo sobre el mejor Barça de la historia. El mundo nos mira con orgullo, decían.

Ahora pretenden que nos creamos que aquello iba en serio.

No.

Solo les importa ganar.

Les da igual la forma.

El año pasado mantuvieron el mismo discurso hasta que llegó Roma. Entonces fueron los primeros en correr a buscar la guillotina para decapitar al entrenador que ensalzaban. Las portadas sobre el pragmatismo se convirtieron en portadas sobre la continuidad de Valverde, algo que ya sucedió con el Tata Martino. Guardan en el mismo cajón la calculadora, el detonador y la bandera del estilo. Van eligiendo una u otra en función de lo que requiera la situación. Si por un casual dentro de unos años el Barça vuelve a ganar jugando bien, les veréis otra vez con la boca llena de palabras en las que no creen.

Lo siento. Yo sí me las creí. Y podéis reíros de mí todo lo que queráis. Pero esta noche voy a colocar un cubo lleno de agua para que los camellos no pasen sed.

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