Celebraba su 75 aniversario en el que colaboraron las otras cofradías

La tarde de Viernes Santo en Viveiro, protagonizada por la Cofradía del Santísimo Cristo de la Piedad

Momento en que el paso del Calvario cambia sus ruedas por los varales para ser llevado a hombros por 100 cofrades, en la plaza de Lugo.

La tarde de Viernes Santo fue muy intensa en Viveiro. El tiempo atmosférico acompañó y hubo una procesión extraordinaria con motivo del 75 aniversario de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Piedad.

A primera hora los vivarienses y visitantes se congregaron en torno al atrio de Santa María, en una excelente confluencia de rúas con bellos inmuebles que conservan sus fachadas originales y que mantienen el sabor de esta villa marinera. En un estrado exterior a la iglesia, las imágenes del Cristo del desenclavo (siglo XVII), La Dolorosa (siglo XX) y el joven san Juan (siglo XX). Cuatro hombres caracterizados de soldados romanos aportaron brillantez y realismo al acto. Este Descendimiento o Desenclavo que organiza la Cofradía del Santísimo Rosario consiste en ir desposeyendo al crucificado de los instrumentos de tortura, atributos de la pasión. Primero quitan el letrero de la cruz, el INRI, después la corona de espinas y luego cada uno de los tres clavos. El sacerdote recoge los atributos de la pasión. Descienden al crucificado y lo colocan en un ataúd que llevan a la iglesia. Mientras que La Dolorosa, figura articulada, pasa varias veces el blanco pañuelo bordado con puntillas por su rostro. Durante este acto, una voz comenta y actualiza el significado de cada uno de estos gestos. En este caso fue el dominico Padre Rufino Callejo de la Paz que imprimió un carácter verdaderamente piadoso al acto que removió a la gente.

Una hora más tarde, también de la Iglesia de Santa María y organizado por la Cofradía del Rosario salió la procesión del Santo Entierro. Los pasos: La Magdalena (José Tena, 1916), san Juan (José Tena, 1909) y el Santísimo Cristo Yacente (José Tena, 1908) custodiado por cuatro ángeles (de los imagineros Rodríguez y Puente, 1955) que portan los atributos de la pasión. El Cristo yacente va escoltado por una guardia romana.  Cerraba la procesión la Virgen de la Soledad (siglo XX) de José Rivas.

A las diez de la noche, los vivarienses y visitantes pudieron contemplar la procesión Extraordinaria con motivo del 75 aniversario de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Piedad. Colaboraron para ello 8 cofradías –Venerable Orden Tercera, Hermandad del Prendimiento, Cofradía de la Misericordia, Cofradía do Nazareno dos de Fóra, Hermandad de las Siete Palabras, Hermandad de Mujeres de la Santa Cruz e ilustre y venerable Cofradía del Santísimo Rosario- con sus respectivos pasos.

Primero procesionó La Oración del Huerto, (escuela de Gregorio Fernández, siglo XVII; imagen del Ángel de Juan Luis Otero, 1968); seguida de El Prendimiento, de José Rivas, 1947. El impresionante Ecce-Homo de la Misericordia, del siglo XVIII; después, Nuestro Padre Jesús Nazareno (Francisco Romero Zafra, 2012).

Punto y aparte, por su logística, fue El Calvario, de José Rivas, 1946/1949 con los ladrones, de los escultores Rodríguez y Puente, 1952. Este paso primero salió de la iglesia de san Francisco con ruedas ya que, por sus dimensiones, tropezaría con sus cruces con los balcones de la calle principal, Pastor Díaz. A medio trayecto, en la plaza de Lugo, se le quitan la ruedas y sube a hombros de los ‘llevadores’, un centenar para un paso que pesa 2.500 kilogramos. Es espectacular ver como se realiza la operación en unos 8 minutos. Para ello tienen que meter los enormes varales de dos en dos, de un total de cuatro. Luego los ‘llevadores’ ocupan el lugar apropiado según su tallaje. En el vídeo se puede apreciar esta operación, durante la procesión.

Le sigue el Santísimo Cristo de la Piedad, de José Rivas, 1945, acompañada de la Banda Romana de tambores de la Cofradía. María al Pie de la Cruz, de Modesto Quilis , 1908, con las cofradas portando cada una su cruz y algunas descalzas. El último paso, la Virgen de la Soledad,  de José Rivas, siglo XX.

El Viernes Santo terminó, más allá de la media noche con una temperatura que había bajado considerablemente, con la Procesión de la Soledad o también llamada ‘Dos caladiños’, donde un tambor es el protagonista. Los pasos que desfilaron fueron La Verónica y san Juan, ambos de Juan Sarmiento, 1775; y la Virgen de la Soledad (1741).

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