Guadalupe, la santidad de la normalidad

Esta mañana ha tenido lugar en Madrid la beatificación de la doctora química e investigadora española Guadalupe Ortiz de Landázuri (1916-1975) que, entre otras cosas, llevó el mensaje del Opus Dei a México. La ceremonia ha tenido lugar en el Palacio de Vistalegre Arena, en el que se han concentrado unas 11.000 personas de más de 60 países.

El delegado del Santo Padre fue el cardenal Giovanni Angelo Becciu, prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos. Junto a él han concelebrado el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, el prelado del Opus Dei, Fernando Ocáriz, así como seis cardenales, nueve arzobispos, diecisiete obispos y unos 150 sacerdotes. Tras la fórmula solemne de beatificación, se descubrió la imagen de la nueva beata, y sus reliquias fueron llevadas al altar por sus familiares y los de Antonio Sedano, curado por intercesión de Guadalupe.

La normalidad de Guadalupe

Un ambiente familiar se respira en Vistalegre en esta mañana madrileña del sábado. Todos parecen conocerse. Las fotos con el móvil es lo que hace casi todo el mundo instantes antes de la ceremonia. Hay también banderas de distintos países. Sorprende lo variado de la procedencia de los asistentes.

Una hora antes el bullicio es grande, aun así, algunos prestan atención a los vídeos previos a la ceremonia que salen en las pantallas. En el altar, sencillo, en el que predomina el blanco, destaca el colorido y la frescura de las flores. Al fondo, una gran pantalla con la imagen de la Virgen de Guadalupe que luego sería acompañada por la fotografía de la nueva beata, Guadalupe Ortíz de Landázuri.

A las 11 comenzó la misa y se hizo un gran silencio. Las 11.000 almas estuvieron pendientes de lo que sucedía en el improvisado presbiterio con sacerdotes, obispos, arzobispos y cardenales. Un largo aplauso de los asistentes rubricó la fórmula de la beatificación que pronunció el cardenal Becciu. Destacó esa normalidad de la nueva beata que consiguió “sirviendo con alegría a sus hermanos en la realización de las tareas cotidianas”. El coro engrandeció también la ceremonia.

En la procesión de salida de los sacerdotes, el público saludó, grabó con sus móviles y agradeció a los oficiantes la beatificación. Para entonces, ya se veían más banderas que agitaban con alegría. La carta del papa Francisco arrancó también un largo aplauso de los presentes.

Al terminar, Guadalupe, la nueva beata, había contagiado la normalidad de su vida y la piedad a todos los que venían a celebrar su beatificación.

PAPA FRANCISCO

El Papa Francisco quiso unirse «a la alegría y acción de gracias» por la beatificación con una carta dirigida al prelado del Opus Dei, en la que subraya que Guadalupe Ortiz de Landázuri «puso sus numerosas cualidades humanas y espirituales al servicio de los demás, ayudando de modo especial a otras mujeres y a sus familias necesitadas de educación y desarrollo». El pontífice destaca que la nueva beata «realizó todo esto sin ninguna actitud proselitista sino sólo con su oración y su testimonio», «con la alegría que brotaba de su conciencia de hija de Dios, aprendida del mismo san Josemaría».

La nueva beata, escribe el Santo Padre, es un «testimonio de santidad vivido en las circunstancias ordinarias de su vida cristiana». Su ejemplo debería servir como impulso para aspirar siempre «a esta santidad de la normalidad, que arde dentro de nuestro corazón con el fuego del amor de Cristo, y de la que tanto necesita hoy el mundo y la Iglesia». Santidad que «supone abrir el corazón a Dios», «salir de sí mismo y andar al encuentro de los demás, donde Jesús nos espera, para llevarles una palabra de ánimo, una mano de apoyo, una mirada de ternura y consuelo».

El mensaje concluye con las siguientes palabras: «Les pido también que no dejen de rezar por mí, al mismo tiempo que les imparto la Bendición Apostólica. Que Jesús los bendiga y que la Virgen Santa los cuide». Carta del Papa Francisco sobre la beata Guadalupe Ortiz de Landázuri

CARDENAL BECCIU

Durante la homilía, el cardenal Becciu recorrió la biografía de la nueva beata y destacó que “nos enseña qué bello y atrayente es poseer la capacidad de escuchar y una actitud siempre alegre incluso en las situaciones más dolorosas”. Además, “su corazón estuvo siempre abierto a las necesidades del prójimo, traduciéndose esto en una actitud de acogida y comprensión”.

“Guadalupe se presenta ante nuestros ojos -explicó– como un modelo de mujer cristiana siempre comprometida allí donde el designio de Dios quiso que estuviera, especialmente en lo social y en la investigación científica. En definitiva, fue un don para toda la Iglesia”.

“Nos encontramos –añadió– ante una mujer cuya vida ha sido iluminada solo por la fidelidad al Evangelio. Poliédrica y perspicaz, ha sido luz para aquellos que ha encontrado a lo largo de su existencia”.

La nueva beata -dijo el cardenal Becciu– comunica “a los cristianos de hoy que es posible armonizar la oración y la acción, la contemplación y el trabajo, según un estilo de vida que nos lleva a fiarnos de Dios”. “Su coraje y alegría de vivir –afirmó­– procedían de su abandono en Dios”

Entre otras cosas, el prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos destacó que Guadalupe “es para nosotros un modelo de cómo mostrar esta luz que es Cristo y cómo transmitirla a los hermanos”.

Realizó “un intenso apostolado en distintos lugares, estrechando con facilidad y por todas partes lazos de amistad con jóvenes, que eran edificadas con su fe, su piedad, su caridad y su alegría sana y contagiosa. Había ya comprendido que la unión con Dios no podía limitarse al momento de la oración en una capilla, sino que toda la jornada se presentaba como una ocasión para intensificar su trato con el Señor”.

Según el cardenal italiano, una característica espiritual de Guadalupe era “la de transformar en oración todo lo que hacía. Al respecto, le gustaba repetir que era necesario caminar con «los pies en la tierra pero mirando siempre al cielo, para ver luego más claro lo que pasa junto a nosotros»”.

La homilía completa del cardenal Becciu.

MÁS DE 60 PAÍSES

El recinto de Vistalegre se llenó con los peregrinos ya inscritos, de los que tres mil procedían de más de 60 países, en especial México, donde la nueva beata trabajó seis años. Muchas otras personas han podido seguir la ceremonia por televisión y por streaming. Asociaciones, parroquias y colegios han participado en la beatificación desde otros lugares de la capital madrileña, desde otras ciudades de España y desde otros países, en espacios habilitados con pantallas.

Desde hace unos días, numerosos peregrinos acuden a rezar ante los restos mortales de la beata Guadalupe en el Real Oratorio del Caballero de Gracia (Gran Vía, 17, Madrid), y visitan la Exposición “Guadalupe. Vive la experiencia”, en el colegio Tajamar (calle Pío Felipe, 12), que permanecerá abierta hasta el día 30 de mayo.

La colecta de la ceremonia se destinará a la dotación de cien becas para científicas africanas, que gestionará la ONG Harambee. Explicación de las “Becas Guadalupe”

BEATA GUADALUPE

La nueva beata nació a Madrid el 12 de diciembre de 1916. Estudió Químicas y fue una de las pocas mujeres que cursaban esos estudios en aquella época (1933). En su ciudad, se dedicó a la docencia y a la investigación, realizó su doctorado y desarrolló una gran actividad profesional y evangelizadora. En otras etapas de su vida vivió en México y Roma.

Es la primera persona laica del Opus Dei que es beatificada y fue una colaboradora cercana del fundador san Josemaría. “La alegría contagiosa, la fortaleza para afrontar las adversidades, el optimismo cristiano y su entrega a los demás”, son algunas de las notas que la caracterizan, según el decreto de la Congregación de las Causas de los Santos.

El texto del decreto promulgado por la Congregación recoge cómo Guadalupe vivió en grado heroico las virtudes, y “se entregó por entero y con alegría a Dios y al servicio de su Iglesia, y experimentó intensamente el amor divino”.

Mañana domingo, 19 de mayo, se celebrará una Misa de acción de gracias, presidida por Mons. Fernando Ocáriz, también en Vistalegre.

BECAS

La beatificación de la química madrileña y miembro del Opus Dei Guadalupe Ortiz de Landázuri servirá también para financiar cien becas de estudio para científicas africanas que gestionará la ONG Harambee con los donativos que se recojan entre los más de 11.000 asistentes a la ceremonia celebrada hoy en Madrid.

De Ortiz de Landázuri las personas que la conocieron destacan su empeño por convencer a las mujeres de su época de estudiar y desarrollar su carrera y vocación, a pesar de las dificultades que pudieran encontrar en el camino en un momento (años 50) en el que el papel de la mujer en la sociedad estaba orientada al cuidado de su familia.

“Guadalupe fue una de las personas que más me impulsó a continuar mi carrera universitaria”, ha explicado a Efe María Rosa Garrido, numeraria del Opus Dei, que vivió con ella los últimos 9 años de su vida en la residencia que dirigía en Madrid.

Junto con María Rosa vivían en esta residencia otras ocho mujeres a las que Guadalupe también animó a desarrollarse académica y profesionalmente porque “estaba convencida de que el trabajo era el medio de cambiar la sociedad”.

Estas “Becas Guadalupe” continuarán la filosofía de vida de Ortiz de Landázuri con el objetivo de que las mujeres científicas que viven en África puedan colaborar en el desarrollo de sus países.

Así, se convocará un total de 100 becas de movilidad para investigadoras africanas durante un periodo de 10 años con la intención de fomentar e impulsar la capacidad de los centros de investigación de sus países.

Esto fue lo que hizo Ortiz de Landázuri en México, tal y como recuerda Ana María del Carmen Ruiz, que asiste “ilusionada y feliz” a esta ceremonia de beatificación sentada en la segunda fila en un abarrotado palacio de Vistalegre, al que han acudido también cerca de 3.000 peregrinos procedentes de este país en el que Guadalupe instauró el Opus Dei en 1950.

“La conocí a través de un anuncio que pusieron en la Universidad en la que yo estudiaba Químicas y me fui a vivir con ella a la residencia”, relata esta octogenaria, que destaca cómo Guadalupe insistía mucho en la formación de todas las mujeres que acudían a su residencia.

“Recuerdo de ella su sonrisa, su espíritu de servicio, el deseo de comprender a todas las residentes y los detalles que tenía con las trabajadoras auxiliares”.

Entre los más de 11.000 asistentes a la beatificación están varias niñas del colegio Montefalco de México, que fue creado por Guadalupe durante su estancia en este país y que se han financiado el viaje a Madrid con el dinero de su fiesta de los 15 años.

También Ariel, que ha venido desde la ciudad filipina de Iloilo con un grupo de 15 chicos de se escuela y que ha destacado la faceta de maestra de Guadalupe o Benita Maduadichie, de Nigeria, que asegura que ha podido asistir a la beatificación gracias a la beata, a la que pidió un trabajo que asegura que encontró hace una semana.

Entre los familiares de la nueva beata ha acudido a esta ceremonia Luis Cruz, sobrino nieto y capellán universitario en Madrid.

“Era una mujer que sabía ponerse en la mirada de Dios para ver lo bueno de lo que le sucedía y lo bueno de cada persona”. Miraba con una sonrisa alegre y disfrutabas estando con ella”, ha recordado.

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