Draghi descubrió el verdadero problema

Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo.

Mario Draghi ha pasado gran parte de su tiempo como presidente del Banco Central Europeo luchando contra las crisis. Por lo tanto, no ha tenido mucho tiempo para evaluar su legado, incluso ahora que está a menos de cinco meses de su retiro.

Sin embargo, en su última aparición como presidente en la reunión anual del BCE en Portugal, Draghi se mostró reflexivo acerca de lo que ha logrado el banco central y los gobiernos de la zona euro para salvaguardar el futuro de la moneda común. Aunque su propia organización aprobó su gestión, los líderes del bloque fueron juzgados con mayor severidad, y con justa razón.

El jefe del BCE sonó particularmente exasperado por la lentitud de los políticos para la creación de un presupuesto común para los miembros de la zona euro que les ayudaría a estabilizar las economías más débiles si se enfrentaran a una sacudida. Los ministros de Finanzas de la zona euro anunciaron los primeros pasos hacia dicho fondo la semana pasada. Draghi, justificadamente, no está impresionado.

Aunque la política monetaria del BCE ha desempeñado un papel similar al de la Reserva Federal de EEUU en su apoyo a la economía, argumentó Draghi, Washington ha movilizado mucho mejor los recursos a través de su presupuesto federal para relanzar la demanda y recapitalizar los bancos cuando sea necesario. La zona euro ha sido mucho más tímida, a pesar de que los elevados niveles de deuda pública no han sido tan distintos a los de EEUU. Los estados miembros más débiles no han tenido un apoyo fiscal conjunto confiable.

Para Draghi, estos problemas siguen siendo sumamente relevantes. La zona del euro se enfrenta a un nuevo impacto debido a que los conflictos comerciales del presidente Donald Trump afectan a los fabricantes locales y las expectativas de inflación caen a nuevos mínimos.

El presidente del BCE dice que, por lo menos, el banco central está en posición de intervenir si fuera necesario, lo que provocó una explosión de Trump en Twitter por una manipulación desleal de la moneda. Los comentarios de Draghi ciertamente levantaron los ánimos de los mercados financieros el martes (los operadores se mostraron escépticos acerca de si sus señales moderadas eran creíbles al considerar su inminente salida). “Estamos comprometidos y no estamos resignados a tener una tasa de inflación baja para siempre o incluso por ahora”, dijo.

La razón del cambio en el sentimiento del mercado es que Draghi fue más explícito respecto a las herramientas disponibles para el BCE, que van desde más recortes de tasas hasta el reinicio de las compras de activos. “Los límites que establecemos en nuestras herramientas son específicos a las contingencias que enfrentamos”, dijo. En otras palabras, cualquier restricción autoimpuesta (como la cantidad de bonos de un país determinado que el BCE y los bancos centrales nacionales pueden comprar) puede relajarse si es necesario.

Aun así, hay dudas comprensibles sobre si su sucesor verá las cosas de la misma manera. Y es por eso que el punto de Draghi respecto a los líderes políticos de la zona euro que deben poner algo de su parte es tan importante. Incuestionablemente tiene razón sobre la necesidad de un presupuesto centralizado serio.

Idealmente, la zona del euro tendería hacia un fondo conjunto con un valor de unos pocos puntos porcentuales del producto interno bruto del bloque. Eso ayudaría a estimular las economías con problemas con una alta carga de deuda. Es mucho mejor que confiar en países fiscalmente prudentes como Alemania para impulsar sus economías y solo rogar para que parte del dinero se extienda a los estados más débiles.

Desafortunadamente, los ministros de Finanzas solo han logrado acordar un fondo mucho menos ambicioso, destinado a ayudar a los estados miembros a aumentar su competitividad financiando la infraestructura y las reformas. La Unión Europea ya posee instrumentos similares. Tampoco está claro de dónde provendrá el dinero para el nuevo presupuesto y cómo se administrará. No tendría sentido si los fondos se distribuyeran en función de las contribuciones de los distintos países. Este dinero debe destinarse a los países con mayor necesidad, aunque los gobiernos más conservadores a nivel fiscal se muestren escépticos.

La zona euro tiene un historial de hacer grandes cambios institucionales solo durante las crisis. Por lo tanto, es posible que un presupuesto común digno de su nombre solo se genere después del próximo cataclismo. Mientras Draghi se acerca al final de su mandato, su frustración sobre este tema es tangible. El BCE, como es sabido, prometió hacer “lo que sea necesario” para salvar el euro, elevar la inflación e impulsar la economía. Pero solo puede hacer “lo que pueda”.

por FERDINANDO GIUGLIANO

Print Friendly, PDF & Email
Me gusta
Me gusta Me encanta Me divierte Me asombra Me entristece Me enfada